Por Que Me Cae Mal La Comida Grasosa
¿Por qué no debo comer tanta grasa? –

Sometes al estómago a un doble esfuerzo. Según Ayla Barmmer, dietista registrada en la ciudad de Boston estos banquetes de grasa suponen demasiada presión para el sistema digestivo. La grasa es lo que digiere más lentamente y lo que requiere más enzimas y jugos digestivos, por eso el estómago reacciona a veces inflamándose o produciendo mucho gases. Te puede hacer ir al baño corriendo. Los intestinos son los primeros en responder al exceso con diarreas y dolor de estómago repentino. No te alejes demasiado del cuarto de baño. Vuelve locas a las bacterias del intestino. El exceso de grasas saturadas altera toda la flora del intestino y puede afectar desde los niveles hormonales hasta la salud inmunológica. Los alimentos ricos en grasas saturadas no contienen elementos nutritivos como sí tienen los aguacates, el salmón y otros alimentos ricos en grasas saludables, con lo cual su consumo no le hace ningún favor a los intestinos. Aparición inesperada de acné. Es un efecto acumulativo de una mala dieta con demasiada grasa, El acné es la consecuencia final de un desequilibrio hormonal y un desequilibrio bacteriano, la grasa lo produce por una vía parecida a la que causa daños en la salud de los intestinos. Eleva el riesgo desarrollar diabetes u otra enfermedad cardiovascular. Si llevas una dieta rica en grasas a lo largo del tiempo se convierte en un factor de riesgo para desarrollar varias enfermedades. Un estudio realizado en 2014 en la Escuela de Salud Pública de Harvard asegura que las personas que comían alimentos fritos seis veces por semana aumentaban un 39% su riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 y un 23% el peligro de desarrollar una enfermedad de la arteria coronaria.

¿Qué síntomas da comer mucha grasa?

Cuidar nuestro cuerpo por dentro y por fuera – Foto: Unsplash/@jcgellidon. Investigaciones recientes indican que abusar de las patatas fritas como acompañante o comer más de una vez al día pescado frito puede tener efectos dañinos en las arterias y aumentar las posibilidades de desarrollar enfermedades cardiacas.

Para que el corazón goce de salud también es recomendable esquivar la pizza, los fritos y los aperitivos salados, ya que consumir excesivamente estos alimentos incrementa un 16% las probabilidades de sufrir un ictus. Una mala alimentación sobrada de grasas tiene también un impacto en las bacterias de nuestro intestino, afectando a la digestión de la fibra,

Estas bacterias tienen la misión de protegernos contra los trastornos digestivos, además de ejercer un efecto antiinflamatorio, con lo que atacarlas podría provocar enfermedades crónicas como cáncer, diabetes o incluso párkinson, Dañar nuestro microbioma intestinal tiene otras consecuencias, como el desarrollo del síndrome del intestino irritable (un trastorno que provoca cólicos e hinchazón) o el aumento del colesterol HDL,

Comer demasiados alimentos grasos o beber mucha bebida azucarada provoca aumento de peso, hipertensión arterial e hiperglucemia Evidentemente, el aumento de peso está estrechamente relacionado con este tipo de desequilibrios alimentarios, ya que el elevado número de calorías hace que engordemos y, sobre todo en el caso de los niños, puede generar obesidad,

También aumenta el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, porque comer demasiados alimentos grasos o beber muchas bebidas azucaradas conlleva una ingesta excesiva de calorías, que provoca aumento de peso, hipertensión arterial e hiperglucemia. Foto: Unsplash/@averey. La función cerebral también puede verse afectada, ya que la presión arterial alta y el aumento de peso (causados por el exceso de alimentos grasos en nuestra dieta) están vinculados con los daños en la estructura, los tejidos y la actividad de nuestro cerebro.

Algunos estudios concluyen que también tiene relación con la pérdida de memoria, la demencia y el peor rendimiento ante algunas tareas físicas. Los expertos alertan de que estos productos provocan en algunas personas hinchazón, dolor de estómago, náuseas e incluso diarrea, a causa del exceso de macronutrientes, carbohidratos y grasas,

Estas tres sustancias hacen que el vaciado del estómago sea más lento. Hay que tener especial cuidado si tenemos algún tipo de problema digestivo, ya que los síntomas son aún más graves, haciendo que los cólicos, calambres y alteraciones intestinales sean algo habitual.

¿Que tomar después de comer comida grasosa?

Además, recomienda tomar porciones pequeñas y poner el énfasis en los alimentos ricos en proteínas, ‘como un lácteo desnatado o bebidas vegetales, que son un buen aporte proteico y fácil de consumir’.

¿Qué pasa cuando no toleras la grasa?

EN QUE CONSISTE LA INTOLERANCIA A LA GRASA – Las personas intolerantes a la grasa cada vez que consumen un producto con grasa sienten dolor en el estómago, gases y la necesidad de ir al baño tras la comida, bien sea por náuseas o diarreas. Esto sucede porque el cuerpo es intolerante a este alimento y no podrá aguantarlo bien, lo cual genera todos esos efectos secundarios hasta finalmente eliminar la grasa.

  • Tales molestias se sienten cada vez que se come grasa, con independencia del momento del día o de otros productos alimentarios comidos antes o después.
  • Por lo tanto, no es raro que sientan tales síntomas tan pronto como se ingiera demasiada grasa.
  • Quien sigue consumiendo grasa sin ponerle remedio a sus dolores y diarreas seguramente a la larga lo único que obtendrá será enfermar todavía más y hacer que las diarreas y las molestias estomacales sean cada vez peores.

Así pues, quien sienta estos síntomas tras la comida debe dirigirse a un especialista en vías digestivas lo antes posible para precisar si realmente tiene intolerancia a la grasa y qué tratamiento debe recibir.

¿Qué pasa cuando no se digieren las grasas?

Síntomas de la malabsorción intestinal – El síndrome de malabsorción puede se asintomático o pasar desapercibido en las fases iniciales del mismo. En muchas ocasiones los primeros síntomas son los de la propia enfermedad o alteración causante del síndrome de malabsorción. Las manifestaciones más frecuentes del síndrome de malabsorción son síntomas inespecíficos como:

Diarrea Distensión abdominal Meteorismo Malnutrición Pérdida de peso Astenia

En otras ocasiones, los síntomas v arían en función del tipo de nutriente que no puede ser absorbido:

Malabsorción de hidratos de carbono : provoca diarrea crónica, meteorismo y distensión abdominal. Malabsorción de grasas : provoca heces voluminosas y malolientes, déficit de absorción de vitaminas liposolubles como vitamina K (su déficit favorece el sangrado), vitamina A (su déficit produce alteraciones de las mucosas, dermatitis), vitamina D (su déficit provoca raquitismo, debilidad ósea) o vitamina E (su déficit produce alteraciones de las mucosas, alteraciones visuales) Malabsorción de proteínas : provoca pérdida de peso, pérdida de masa muscular, ascitis, edemas, ruptura de membranas celulares y pérdida de sus funciones. Malabsorción de vitamina B12 : su déficit provoca anemia o alteraciones neurológicas.

¿Cómo grasa y me da nauseas?

Indigestión: MedlinePlus en español Usted esta aquí: https://medlineplus.gov/spanish/indigestion.html Otros nombres: Digestión lenta Casi todas las personas han tenido una indigestión alguna vez. Es una sensación de incomodidad o un ardor en la parte superior del abdomen.

Puede tener o eructos y sentirse hinchado. También puede sentir náuseas e inclusive vomitar. La indigestión puede ser consecuencia de comer demasiado o demasiado rápido, ingerir alimentos grasosos o comer en momentos de estrés. Fumar, beber demasiado alcohol, consumir algunas medicinas, el cansancio excesivo y el estrés continuo también pueden causar indigestión o empeorarla.

Algunas veces, la causa es un problema en las vías digestivas, como una o una enfermedad por (ERGE). Evitar los alimentos y las situaciones que parecen causarla puede ayudar. La indigestión puede ser un signo de un problema más serio. Consulte a su médico si la indigestión continúa por más de dos semanas o tiene dolores fuertes u otros síntomas graves.

(Enciclopedia Médica) También en

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¿Como algo con grasa y me mareo?

¿Qué provoca los mareos después de comer? – Aunque todas las causas tienen el mismo origen (la falta de flujo sanguíneo en el cerebro), pueden ser provocadas por distintas situaciones. La calidad de la comida influye en que se tenga que bombear más cantidad de sangre al estómago.

Sobre todo lo causan los alimentos ricos en grasas, azúcares y almidones. Comer rápido, demasiado, en una postura incorrecta y sin masticar también provoca problemas digestivos que se traducen en mareos. Los medicamentos antidepresivos y diuréticos, así como los fármacos para tratar la hipertensión arterial, pueden provocar una ligera hipotensión y, como consecuencia, mareos.

Por último, existen algunas enfermedades que pueden provocar mareos tras comer, como la diabetes, la insuficiencia renal, trastornos en la tiroides o problemas cardíacos. En estos casos suelen aparecer más síntomas además de los vértigos.

¿Que no se debe comer cuando se tiene el hígado graso?

¿Cómo impacta el alto consumo de fructosa en el hígado graso? – En la actualidad, estudios experimentales, han demostrado que una ingesta alta de fructosa, promueve el estrés oxidativo, inflamación, niveles más altos de ácido úrico en suero, triglicéridos elevados, presión arterial elevada, y resistencia a la insulina.

Además, actualmente la fructosa es reconocida como un importante mediador del hígado graso, puesto que induce la lipogénesis de novo (síntesis de ácidos grasos en nuestro cuerpo) y bloquea la oxidación de grasa, conduciendo a la acumulación de grasa en el hígado e inflamación hepática, lo que puede desencadenar a fibrosis, y cirrosis posteriormente (6,7).

Asimismo, se ha comprobado que la fructosa puede aumentar el hambre y el deseo de comer, ya que disminuye la leptina (hormona de la saciedad), y aumenta los niveles de grelina (hormona que estimula el apetito) (7). Por otro lado, se ha descubierto que la fructosa altera la microbiota intestinal, ya que un consumo excesivo de esta en la dieta, puede generar disbiosis (desequilibrio de la flora intestinal), disminuyendo los microorganismos beneficiosos del intestino, y causando inflamación, aumentando la permeabilidad intestinal, y permitiendo que organismos tóxicos puedan llegar al hígado, contribuyendo al desarrollo de hígado graso (7).

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¿Cuál es el órgano encargado de la digestión de las grasas?

¿Cómo funciona el aparato digestivo para descomponer químicamente los alimentos en pequeñas partes que el cuerpo puede usar? – A medida que los alimentos se transportan a través del tracto gastrointestinal, los órganos digestivos descomponen químicamente los alimentos en partes más pequeñas usando:

movimientos, como masticar, exprimir y mezclar jugos digestivos, como ácido estomacal, bilis y enzimas

Boca —El proceso digestivo comienza en la boca cuando una persona mastica. Las glándulas salivales producen saliva, un jugo digestivo que humedece los alimentos para transportarlos más fácilmente por el esófago hacia el estómago. La saliva también tiene una enzima que comienza a descomponer químicamente los almidones en los alimentos.

Esófago —Después de tragar, la peristalsis empuja la comida por el esófago hacia el estómago. Estómago —Las glándulas situadas en el revestimiento del estómago producen ácidos estomacales y enzimas que descomponen químicamente los alimentos. Los músculos del estómago mezclan la comida con estos jugos digestivos.

Páncreas —El páncreas produce un jugo digestivo que tiene enzimas que descomponen químicamente los carbohidratos, grasas y proteínas. El páncreas suministra el jugo digestivo al intestino delgado a través de pequeños tubos llamados conductos. Hígado —El hígado produce un jugo digestivo llamado bilis que ayuda a digerir las grasas y algunas vitaminas.

Los conductos biliares transportan la bilis desde el hígado hasta la vesícula biliar para ser almacenada o hasta el intestino delgado para ser usada. Vesícula biliar —La vesícula biliar almacena la bilis entre comidas. Cuando una persona come, la vesícula biliar exprime bilis hacia el intestino delgado a través de los conductos biliares.

Intestino delgado —El intestino delgado produce un jugo digestivo, el cual se mezcla con la bilis y un jugo pancreático para completar la descomposición química de proteínas, carbohidratos y grasas. Las bacterias en el intestino delgado producen algunas de las enzimas necesarias para digerir los carbohidratos.

  1. El intestino delgado transporta agua del torrente sanguíneo al tracto gastrointestinal para ayudar a descomponer químicamente los alimentos.
  2. El intestino delgado también absorbe agua con otros nutrientes.
  3. Intestino grueso —En el intestino grueso, más agua se transporta desde el tracto gastrointestinal hasta el torrente sanguíneo.

Las bacterias en el intestino grueso ayudan a descomponer químicamente los nutrientes restantes y producen vitamina K, Los productos de desecho de la digestión, inclusive las partes de los alimentos que aún son demasiado grandes, se convierten en heces.

¿Por qué mi estómago no digiere bien la comida?

Factores de riesgo – Factores que pueden aumentar el riesgo de sufrir gastroparesis:

Diabetes Cirugía abdominal o esofágica Infección, generalmente por un virus Determinados medicamentos que retrasan la frecuencia con la que se vacía el estómago, como los analgésicos narcóticos Esclerodermia – una enfermedad del tejido conectivo Enfermedades del sistema nervioso, como Parkinson o esclerosis múltiple Baja actividad de la tiroides (hipotiroidismo)

Las mujeres son más propensas que los hombres a desarrollar gastroparesis.

¿Qué pruebas te hacen para saber si eres intolerante a algún alimento?

Si tienes la sospecha de sufrir intolerancia a algún alimento acude a tu médico de familia. Los diagnósticos suelen ser básicos y parte de análisis de aliento, análisis de sangre, y, en caso de sospecha de otras patologías pueden incluir otros tipos de análisis incluyendo endoscopias.

¿Cómo se diagnóstica la intolerancia a los alimentos?

El diagnóstico de intolerancia alimentaria (IA) se basa en una historia clínica detallada con una anamnesis dirigida a los supuestos alimentos intolerantes, exploración física, pruebas complementarias para descartar organicidad y pruebas específicas según la intolerancia.

¿Cuál es la intolerancia alimentaria más frecuente del mundo?

Trabajos Originales Una visión global de las reacciones adversas a alimentos: alergia e intolerancia alimentaria A global vision of adverse reactions to foods: food allergy and food intolerance Jorge Gabriel Ruiz Sánchez 1a 1b, Samara Palma Milla 1a 1b, Beatriz Pelegrina Cortés 1a 1b, Bricia López Plaza 1a 1b, Laura María Bermejo López 1a 1b, Carmen Gómez Candela 1a 1b 1a Unidad de Nutrición Clínica y Dietética.

Hospital Universitario La Paz. IdiPAZ. Madrid.1b Universidad Autónoma de Madrid. Madrid, España. Resumen En estos últimos años se ha evidenciado un aumento de las reacciones adversas a alimentos, probablemente asociadas a los cambios en el estilo de vida producidos en las últimas décadas. Una reacción adversa a alimentos es cualquier respuesta clínicamente anormal que puede atribuirse a la ingestión, contacto o inhalación de un alimento, de sus derivados o de uno de sus aditivos.

Pueden clasificarse en alergia o intolerancia alimentaria. Las alergias alimentarias suelen tener un componente inmunológico generalmente asociado a inmunoglobulina E (IgE). Las reacciones adversas a alimentos tienen una gran repercusión tanto clínica como social y perjudican la calidad de vida de los pacientes y, en algunos casos, resultan fatales, de ahí que se implique directamente a los servicios de restauración colectiva y de manufacturación de alimentos para su correcto manejo.

Los alimentos más alérgenos cambian según el grupo etario. La alergia al huevo es la más frecuente en menores de 5 años y a las frutas frescas, en los mayores de 5 años. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son de tipo cutáneo-mucosas. Las intolerancias alimentarias pueden deberse a un mecanismo farmacológico, metabólico, mixto o idiosincrático, pero no inmunológico.

Las manifestaciones clínicas suelen ser dosis dependientes, mientras que las alérgicas son dosis independientes. La intolerancia alimentaria más frecuente y conocida es la intolerancia a la lactosa, que es de tipo metabólica. El tratamiento principal para ambos tipos de reacciones adversas a alimentos consiste en evitar el alimento que causa de la reacción.

  1. Palabras clave: Alergia alimentaria; Intolerancia alimentaria; Reacción adversa a alimentos Abstract Over the last years, there has been an increase in adverse food reactions, probably associated with life style changes in the past decades.
  2. An adverse food reaction is any clinically abnormal response that can be attributed to ingestion, contact or inhalation of a food, its derivatives or an additive contained in it.

They can be classified as food allergy or intolerance. Food allergies are usually immune-mediated, associated with IgE. Adverse reactions to food have a large clinical and social repercussion, which can be fatal in some cases and impair the quality of life of patients.

  1. This implies directly the services of collective catering and food manufacturing, which is why a legislature and regulations were implemented for its correct management.
  2. The most allergenic foods change according to the age group; being the egg the most frequent in children under 5 years, and fresh fruits in the older than 5 years.

The most frequent clinical manifestations are cutaneous-mucous type. Food intolerances may be due to a pharmacological, metabolic, mixed or idiosyncratic mechanism. Clinical manifestations are usually dose dependent. The most common and known food intolerance is lactose, which is a metabolic type.

The main treatment of both types of adverse reaction to foods is avoidance of the causal food of the reaction. Key words: Food allergy; Food Intolerance; Adverse reaction to foods INTRODUCCIÓN Mientras que en los países en vías de desarrollo la falta de suministro alimentario y sus condiciones sanitarias conllevan una gran prevalencia de enfermedades infecciosas, en los países del “primer mundo” la gran oferta de la industria alimentaria ha originado una alta prevalencia de dietas desequilibradas, asociadas a un importante aumento del sobrepeso y de la obesidad.

Junto a este mismo proceso existe otro problema creciente relacionado con la aparición, cada vez mayor, de reacciones adversas a alimentos (RAA). Esta terminología engloba tanto a las alergias alimentarias como a las intolerancias alimentarias, entre otras.

  1. Las RAA se definen como cualquier respuesta clínicamente anormal que pueda atribuirse a la ingestión, contacto o inhalación de un alimento, de sus derivados o de algún aditivo que contengan 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, cuyo mecanismo puede tener, o no, un componente inmunológico.
  2. La prevalencia de RAA en adultos supera el 30% 3, 4, 6, pero puede llegar sorpresivamente a un 90% si hablamos exclusivamente de la intolerancia alimentaria, que es el principal componente de las RAA (fundamentalmente a la lactosa, la más frecuente).

De este modo, en poblaciones de raza africana y asiática la intolerancia a la lactosa oscila entre el 90-95%; en la de origen hispanoamericano, entre un 50-70%; en la mediterránea, entre un 10-15%, y en la nórdica, entre un 5-15% 8, 9, 10, 11, Sin embargo, la alergia alimentaria mediada por inmunoglobulina E (IgE) no suele superar el 2-3% de la población 1, 2, 4, 7, pese a que más de un 15% cree ser alérgico a algún alimento 4,

Aunque la incidencia real de alergias alimentarias es desconocida debido a la falta de estudios epidemiológicos al respecto, la prevalencia en niños se estima entre un 5-7% y, en la población general, en un 1,5%, aproximadamente, más frecuente en aquellos con antecedentes de atopia personal o familiar 1, 2, 11,

En la última década, asociada al aumento percibido por su incidencia, se estima que la prevalencia de alergias puede estar en torno al 15% en niños menores de 5 años. En algunos países mediterráneos llega a ocupar el quinto puesto entre los trastornos que atiende un alergólogo debidos a diferentes causas 1, 2,

En España, la alergia alimentaria más frecuente en niños menores de 5 años es a las proteínas del huevo (34,4%), seguida por la alergia a las proteínas del pescado (30,4%) y, en tercer lugar, a las de la leche de vaca (24,5%). En los niños mayores de cinco años los alimentos que con más frecuencia causan alergias son las proteínas de frutas frescas (37%), de frutos secos (35%) y de pescados y mariscos (12%) 1, 2, 3,

A la creciente prevalencia de estos cuadros clínicos, debe añadirse la problemática social que conlleva, fundamentalmente por la poca información y el desconocimiento tanto médico como social sobre la enfermedad. De esta forma, muchas veces existen síntomas que pueden pasar desapercibidos o ser atribuidos a otras causas (comúnmente, cuadros funcionales) y que puedan llevar a un diagnóstico tardío y, por ende, retrasar el tratamiento correcto.

  • Así, en muchas ocasiones el paciente ha sido valorado por múltiples profesionales de la salud, ha sido sometido a multitud de pruebas diagnósticas y ha seguido siendo sintomático hasta el diagnóstico final.
  • Por otro lado, cuando se ha efectuado el diagnóstico entra en juego el temor y la ansiedad que conlleva evitar el alimento causante de la alergia, principalmente si las circunstancias en las que se diagnosticó la RAA conllevaron una experiencia traumática para el paciente.

En este mismo sentido, la búsqueda de alimentos que sustituyan desde un punto de vista nutricional a los “prohibidos” aumenta la ansiedad del paciente. La magnitud de este problema tiene su máxima expresión en los centros de restauración colectiva, especialmente en servicios de alimentación hospitalaria grandes, como el del Hospital Universitario La Paz, con más de 1.300 camas.

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Por ejemplo, el 10 de abril de 2017 el total de dietas solicitadas y servidas para pacientes con alergias e intolerancias alimentarias fue del 4% del total, lo que supone que, cada día, entre 45 y 65 pacientes ingresados padecen alguna RAA. Para garantizar la seguridad alimentaria se requiere una gran capacidad organizativa.

Por todo ello, actualmente existen normativas a nivel nacional y europeo en las que se hace obligatoria la inclusión en el etiquetado de los ingredientes reconocidos como alérgenos alimentarios más habituales, como la leche y sus derivados, leguminosas, huevos, crustáceos, pescado, hortalizas, trigo y otros cereales.

– Reacción adversa a un alimento. Consiste en cualquier respuesta clínica anormal que presentan determinados individuos, atribuida a la ingestión de un alimento (o aditivo) que puede ser perfectamente tolerado por la gran mayoría de las personas. Se trata, por tanto, de un concepto amplio que abarca todo tipo de anomalía, sin dejar constancia de su mecanismo causal. – Hipersensibilidad alimentaria. Es la reacción adversa que presenta un individuo tras la ingestión de un alimento, de causa inmunológica comprobada. Se produce solo en algunos individuos previamente sensibilizados y puede ocurrir después de la exposición a muy pequeñas cantidades de alimento. Aquí se engloba la reacción alérgica común, que es mediada por IgE y cuyo grado más severo es la anafilaxia alimentaria, que puede aparecer de forma inmediata y poner en peligro la vida. – Intolerancia alimentaria. Es la respuesta clínica a un alimento en cuyo mecanismo de producción no interviene (o no ha podido demostrarse su intervención) un mecanismo inmunológico. Sin embargo, existe un componente genético o epigenético que ha originado la predisposición a ello. Puede incluir respuestas de tipo farmacológico, metabólico o de idiosincrasia indeterminada.

Farmacológica. Ocurre tras la absorción de grandes cantidades de ciertas sustancias que se encuentran en determinados alimentos y que originan diferentes manifestaciones al no ser adecuadamente metabolizadas. La RAA es consecuencia de la acción farmacológica directa de estas sustancias sobre algún tejido o receptor (por ejemplo, histamina y tiamina). Metabólica. Ocurre por el déficit de ciertas sustancias (principalmente enzimáticas) necesarias para el proceso de digestión, absorción o utilización de un alimento. La RAA suele ocurrir por la presencia de la sustancia que causa el problema de modo independiente de su acción farmacológica sobre algún tejido o receptor. Indeterminadas. Su mecanismo no está asociado o puede ser múltiple.

De otro modo, el Subcomité de Reacciones Adversas a Alimentos de la European Academy of Allergology and Clinical Imnunology (EAACI) propone otra clasificación de las RAA en la que existen dos grandes grupos: RAA tóxicas y no tóxicas; incluyendo la alergia y la intolerancia el segundo apartado 5,

  • ALERGIA ALIMENTARIA Las manifestaciones clínicas de la alergia alimentaria dependerán del grado de activación inmunológica que origine el alérgeno, y pueden desarrollarse junto a síntomas de daño local (digestivos) o sistémicos (cutáneos, respiratorios, cardiovasculares).
  • El tipo de hipersensibilidad causada por la sustancia determinará el momento de aparición del cuadro clínico 1, 2, 3, 4, 5, 7 ( Tabla I ).

Tabla I. Manifestaciones clínicas más comunes de la alergia alimentaria Fuentes: Peláez Hernández A, et al. ( 13 ) y Foong RX, et al. ( 14 ). La aparición de las diversas manifestaciones no es dosis dependiente; es decir, la mínima ingesta de una sustancia podría desencadenar un cuadro fatal en un individuo (angioedema, shock, paro cardiorespiratorio, etc.), condición conocida como anafilaxia 1, 2, 3, 4, 12, 13,

  • También existen ciertas alergias alimentarias que necesitan de una sensibilización previa (muchas veces subclínica) para desencadenar una respuesta mayor ante una nueva exposición.
  • Cabe resaltar que, aunque el término “alergia alimentaria” orienta a pensar que solo a través del contacto ingerido aparecerá la reacción, existen muchos casos de alergias reportados como consecuencia de la percepción olfativa del alimento 14,

Por otro lado, es conocida la asociación de alergias alimentarias y el estado atópico de un paciente, caracterizado por la susceptibilidad genética de padecer otras enfermedades, en cuyo mecanismo etiológico se involucran las reacciones inmunológicas por hipersensibilidad o alergia (mediados por mastocitos, eosinófilos, histamina, IgE) como el asma, la dermatitis alérgica, la rino-sino-conjuntivitis alérgica, etc.1, 2, 3, 4, 7,

Así, una forma de reacción alérgica alimentaria podría ser la persistencia de una dermatitis o un cuadro de broncoespasmo recidivante 12, 13, 14, Además, existen algunos estudios en los que se describen las manifestaciones clínicas más frecuentes asociadas al grupo alimentario ( Tabla II ). Se considera que los alérgenos contenidos en los alimentos son de naturaleza proteica, pero que conforman una mínima proporción respecto al total; sin embargo, poseen la capacidad de generar una exacerbada respuesta inmunológica.

Existe una gran cantidad de sustancias potencialmente alergénicas en los diversos grupos de alimentos, algunas de las cuales se describen en la Tabla III 1, 2, 6, Tabla II. Manifestaciones clínicas según grupo alimentario alérgeno Tabla III. Componentes alérgenos de algunos alimentos La prevalencia de alergias a distintos grupos alimentarios cambia en los diversos grupos etarios pediátricos en comparación con los adultos. Esto puede explicarse por los mecanismos de regulación y tolerancia inmunológica asociados al desarrollo y maduración del sistema inmune 1, 2, 3, 4, 14,

  1. Sin embargo, existen muchos factores ambientales y genéticos no establecidos correctamente asociados a este proceso.
  2. En la Tabla IV se observa la prevalencia de los principales alimentos alergénicos en la población general europea.
  3. Una vez conocida la existencia de una reacción alérgica alimentaria, el tratamiento inicial consistirá en evitar el contacto o el consumo de dicho alimento o de sus derivados 1, 2, 3, 4,

Tabla IV. Alergias alimentarias más comunes en Europa Fuente: Nwaru BI, et al. ( 6 ). Existen diversas posturas sobre la prevención de las alergias alimentarias. En la década de los noventa y en los primeros años de la del 2000 se recomendaba retrasar la ingesta de ciertos alimentos potencialmente alérgenos hasta edades de mayor maduración del sistema inmunológico.

En la última guía sobre alimentación complementaria publicada en 2017 por la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN, en sus siglas en inglés) se comenta el aumento de la incidencia de alergias alimentarias en la última década, pese a las recomendaciones internacionales de retrasar la ingesta de alimentos potencialmente alérgenos.

En esta guía destacan nuevos estudios que sugieren que, al contrario que lo que se recomendaba antes, la introducción temprana (entre los 5-11 meses de edad) de dichos alimentos podría incluso proteger de padecer la alergia alimentaria. Existen otros factores, como la lactancia materna y los antecedentes de atopia en la familia, que podrían jugar un papel crucial en la respuesta inmunológica.

Con todo ello, la recomendación dada por la ESPGHAN es la de no retrasar los alimentos considerados alergénicos 15, El tipo de preparación de los alimentos, aunque aún con poca evidencia científica, se ha asociado a la resolución o mejoría del cuadro alérgico a sus proteínas. De este modo, en una revisión sistemática, Lamber y cols.

(2017) observaron que la cocción al horno del huevo de gallina y de la leche de vaca podría resultar en una mejora o resolución del cuadro alérgico 16, Desde un punto de vista farmacológico, las manifestaciones clínicas agudas de una reacción alérgica suelen tratarse con la administración de glucocorticoides y antihistamínicos, asociados o no a vasopresores, por vía sistémica, dependiendo de la gravedad.

  • En las manifestaciones crónicas, prima el uso de antihistamínicos, asociados o no a terapia inmunosupresora, lo que dependerá de la severidad o de la necesidad de tratamientos adyuvantes a una terapia de desensibilización 1, 2, 3, 4,
  • INTOLERANCIA ALIMENTARIA Las manifestaciones clínicas de la intolerancia alimentaria están compuestas por síntomas y signos similares a los de la alergia alimentaria.

Sin embargo, se diferencian de esta última en que la probabilidad de aparición de algún síntoma y su intensidad son dosis dependiente. Por ejemplo, una persona con intolerancia a la lactosa puede no presentar síntomas tras la ingesta de 50 g de queso curado (escasa cantidad de lactosa) y presentar un gran cuadro de flatulencias y dolor abdominal con la ingesta de 200 ml de leche 7, 17,

El tipo de manifestación clínica está asociado al mecanismo causal de la intolerancia. En la intolerancia a la lactosa existe un aumento de lactosa a nivel intestinal, lo que ocasiona mayor secreción de líquido hacia la luz intestinal como consecuencia del efecto osmótico del disacárido, lo que puede causar diarrea.

Posteriormente, al llegar al colon, la lactosa digerida por las bacterias saprofitas origina diversos ácidos orgánicos y gases que condicionan la aparición de flatulencia, dolor abdominal y molestias en la defecación 8, 9, 10, 11, En cambio, en la intolerancia a la histamina se encuentra involucrado un mecanismo farmacológico que consiste en una sobreacción de la histamina como consecuencia de un aumento de la concentración de esta sustancia en sangre tras la ingesta alimentos que la contienen (vino tinto, chocolate, etc.).

Esto conlleva a la aparición de diversos síntomas como cefalea, cólico intestinal, sofocos, etc.18, 19, Como se ha mencionado anteriormente, existen diversos mecanismos implicados en la aparición de una intolerancia alimentaria. En función de este mecanismo (metabólico, farmacológico o indeterminado) existen ciertas intolerancias que se presentan con mayor frecuencia o que son más conocidas.

De las metabólicas, la principal y más conocida, debido a su prevalencia, es la intolerancia a la lactosa. Esta patología es conocida como déficit de lactasa. Sin embargo, existen muchos otros déficits enzimáticos a nivel intestinal, como el déficit de fructasa o el déficit de sacarasa, entre otros 7, 8, 9, 10, 11, 17,

De las farmacológicas, las más conocidas son las debidas al déficit de diamino oxidasa (DAO) y al déficit de fenilalanina hidroxilasa, que conllevan la aparición de intolerancia a la histamina y a la fenilalanina (fenilcetonuria), respectivamente. Al igual que en las alergias alimentarias, el principal tratamiento será evitar la ingesta de la sustancia o del alimento que la contiene.

Esta recomendación variará en rigurosidad dependiendo de cada individuo, ya que la aparición de manifestaciones clínicas es consecuencia del grado de severidad del déficit enzimático causal. De este modo, pueden existir pacientes que requieran de ingestas de 30 g de lactosa para generar síntomas (equivalente, de forma aproximada, a 400 ml de leche entera) y otros en los que bastará la ingesta de 5 g (aproximadamente, 70 ml de leche entera).

  1. Por esta razón es importante individualizar la retirada de los alimentos que contienen la sustancia causante de la intolerancia 7, 8, 9, 10, 11, 17, 20,
  2. Actualmente existen algunos tratamientos farmacológicos que consisten en la administración de las enzimas ausentes para facilitar la adecuada digestión, absorción y metabolización de las sustancias causantes de la intolerancia.
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Estos tratamientos deben ser individualizados según el grado de afectación que padezca cada paciente 8, 9, 10, 11, 18, 19, ENTIDADES CLÍNICAS EMERGENTES DÉFICIT DE DAO El déficit funcional o cuantitativo de la DAO es una alteración en el metabolismo de la histamina que procede de la dieta.

Las personas con un déficit de la enzima DAO no pueden metabolizar la histamina correctamente a nivel intestinal, por lo que la absorción aumentada de histamina se acumula en la sangre y en los tejidos. Como consecuencia, aparecen diversas manifestaciones sistémicas derivadas de su acción farmacológica en el organismo 18, 19,

Los síntomas más frecuentes derivados del déficit de DAO son la migraña y las cefaleas vasculares. Otros trastornos son los gastrointestinales (especialmente aquellos asociados a la motilidad intestinal, como estreñimiento, diarrea, saciedad, flatulencia o sensación de distensión), dermatológicos (xerosis, urticaria, etc.), vasculares (hipotensión) y dolores en tejidos blandos y óseos diagnosticados con frecuencia como fibromialgia o fatiga crónica 18, 19,

El tratamiento consiste en la reducción de histamina consumida a través de los alimentos. Es preferible consumir aquellos alimentos que contengan menos de 20 mg de histamina por kg de alimento o dosis de histamina totales consumidas menores a 70 mg. Es importante resaltar que, si bien estas cifras son usadas como umbrales de referencia, existen pacientes que con dosis tan bajas como 10 mg/día de histamina desarrollan síntomas 18, 19,

El tratamiento farmacológico consiste en la administración vía oral de la enzima DAO con el objetivo de metabolizar la histamina absorbida en una comida estándar 18, 19, ESOFAGITIS EOSINOFÍLICA La esofagitis eosinofílica (EE) se describió inicialmente en 1977 y fue considerada como una patología diferente de la enfermedad del reflujo gastroesofágico (ERGE) a partir de 1990.

  1. Se trata de una patología emergente que se presenta tanto en niños como en adultos (la mayoría entre los 20 y los 40 años).
  2. Su etiología es desconocida.
  3. Se define como una enfermedad inflamatoria inmunoalérgica crónica del esófago en la que es característica la presencia de eosinófilos (≥ 15 × campo) en la mucosa esofágica 21, 22, 23, 24,

Se han determinado como posibles causas: la exposición a agentes irritantes (reflujo, fármacos, estasis alimentaria, etc.), trastornos de la motilidad esofágica (acalasia, esclerosis sistémica), ERGE, gastroenteritis eosinofílica, enfermedad inflamatoria intestinal, infecciones parasitarias o fúngicas e inmunosupresión; o puede ser primaria o idiopática.

Además, existe una predisposición familiar asociada a la atopia. Suele manifestarse como odinofagia, disfagia, pirosis, saciedad precoz, náuseas, regurgitación o vómitos, lo que puede condicionar o no diversos grados de malnutrición. También puede pasar desapercibida. Existe evidencia acumulada que asocia la presencia de EE a diversos alimentos conocidos por su capacidad alergénica (leche, gluten, huevos, pescados, frutos secos, etc.).

Por esta razón, se sospecha que en aquellos casos considerados como idiopáticos la presencia de EE puede ser una manifestación más de alergia alimentaria 21, 22, 23, 24, Hasta la fecha no existe un tratamiento óptimo de esta patología. Una vez hecho el diagnóstico, suele iniciarse el tratamiento con inhibidores de la bomba de protones con la finalidad de paliar los síntomas de una ERGE (esta puede aparecer como consecuencia de la EE).

  • La eosinofilia persistente tras el tratamiento descarta la ERGE.
  • Posteriormente, la terapia más empleada son glucocorticoides tópicos (budesonida o fluticasona).
  • Los glucocorticoides tópicos son los fármacos que mejor respuesta han demostrado en los estudios clínicos; sin embargo, existe entre un 15-20% de pacientes que son refractarios.

De forma adyuvante suelen emplearse las dietas de exclusión alimentaria, que consisten en la elaboración de menús sin alimentos alérgenos. La respuesta al tratamiento instaurado se valorará con el conteo histológico de eosinófilos, para lo que se realizan endoscopias después de, al menos, 6-8 semanas tras el inicio de la medida terapéutica.

De persistir la sintomatología asociada a una histología compatible, suele procederse al uso de corticoides sistémicos o inmunoterapia, aunque los resultados son poco satisfactorios 21, 22, 23, 24 ). INTOLERANCIA AL GLUTEN Aunque comúnmente conocida como intolerancia al gluten o enfermedad celiaca, esta patología podría incorporarse dentro del subgrupo de “indeterminadas”, ya que, aunque dentro de su fisiopatología existe un gran componente inmunológico, este es no IgE-dependiente, por lo que no podría entrar en la clasificación de alergia.

No obstante, existe una predisposición genética que conlleva una respuesta metabólica alterada al gluten, secundaria a la reacción inmunológica descrita 25, 26, En 2008 la ESPGHAN recomendó la introducción del gluten entre los 4 y los 7 meses durante el periodo de ablactación del lactante, ya que un estudio observacional mostraba una reducción de la incidencia de enfermedad celiaca y diabetes tipo 1 en pacientes que cumplían esta condición.

Sin embargo, en la guía de 2017 15, basada en últimos estudios, esta recomendación ha quedado suspendida, y se concluye que ni la edad de introducción del gluten ni su relación con la ablactación muestran una reducción de la incidencia de enfermedad celiaca durante la infancia. Como recomendación, se aconseja la introducción de gluten en cualquier momento entre los 4 y los 12 meses de edad 15,

Las principales manifestaciones clínicas de la intolerancia al gluten son de tipo gastrointestinal (diarreas, dolor abdominal, flatulencia, síndrome de malabsorción, etc.). Sin embargo, también son importantes otras manifestaciones secundarias al problema malabsortivo (fallo del medro, desnutrición, etc.) y a la respuesta inmunológica sistémica que genera esta enfermedad (dermatitis herpetiforme, artritis, trombocitopenia, hepatitis y otras enfermedades autoinmunes) 25,

– Reglamento (UE) n.º 1169/2011, que regula la información alimentaria facilitada al consumidor. Es aplicable desde el 13 de diciembre de 2014 27, – Real Decreto 126/2015, que regula la información alimentaria de los alimentos que se presentan sin envasar para la venta al consumidor final y a las colectividades, de los envasados en los lugares de venta a petición del comprador y de los envasados por los titulares del comercio al por menor, así como la venta a distancia 28,

En ambos reglamentos se especifica claramente la obligación de describir si el producto comercializado contiene algún alimento o derivado que potencialmente pueda causar alergia o intolerancia. En la Tabla V se mencionan las sustancias o productos de obligatoria descripción. Tabla V. Sustancias o productos que causan alergias o intolerancias BIBLIOGRAFÍA 1. Martínez Pérez J, Amigo Bello MC, Martínez Zazo AB. La alergia a los alimentos. Nutrición y Salud, Tomo 5. Instituto de Salud pública, Consejería de Salud y Consumo de la Comunidad de Madrid; 2005.2. Zubeldia JM, Baeza ML, Jáuregui I, Senent CJ.

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BOE Núm.54 (1), de 4 de marzo de 2015, pp.20059-66. ©Copyright 2018 SENPE y © Arán Ediciones S.L. Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons