Cual Es Su Comida Tipica De Los Otomies
Gastronomía – La alimentación de los Otomíes se basa en el maíz y el frijol, Los platos típicos son las tortillas, tamales, atoles, así como las mazorcas cocidas o asadas. Igualmente, consumen productos vegetales como los nopales, la tuna, habas, las calabazas, garbanzos, y chicharos, Las diversas clases de chile son un punto importante dentro de sus comidas.

  1. El consumo de productos de origen animal como leche y grasas de animales también son comunes, sin embargo, la carne solo se consume en fiestas y en porciones muy reducidas,
  2. Las bebidas tradicionales son el té de hierbas, el jugo de frutas, tanto cultivadas como silvestres y pulque, una bebida fermentada a base de miel de caña de azúcar y maguey.
  3. En la actualidad, existen movimientos sociales como el Consejo de la Nacionalidad Otomí (CONAO) que busca el apoyo a mujeres y hombres y niños, defienden los derechos de los indígenas y buscan la unidad cultural otomí.
  4. Por su defensa a la dignidad humana, la otomí quien es una activista a favor de la vida, del respeto y de la integridad de todo ser humano, fue candidata al Premio Nobel de la Paz 2005.

: Otomí | Vestimenta, lengua, ubicación y gastronomía

¿Qué alimentos consumen los otomíes?

Cultura otomí – Ha practicado la agricultura, así como la obtención de productos lacustres desde la época prehispánica Esta costumbre refleja en la actualidad la inclusión de sus productos gastronómicos de maíz, frijol, chile, calabaza, quelites, charales y ranas, entre otros.

¿Que fabrican los otomíes?

El pueblo otomí fabrica diversas artesanías entre las que podemos destacar la producción de tapetes de lana, molcajetes y metates de piedra negra, sombreros de palma, sillas de tule, ayates de fibra de maguey, textiles elaborados en telar de cintura.

¿Cómo son las casas de los otomíes?

La vivienda es un tema con el que todos de alguna manera tenemos que ver. Ha sido, es y permanecerá durante algún tiempo siendo objeto obligado en muchas de las disciplinas de investigación, acción y gubernamentales, La vivienda no solo es importante en términos físicos, sino también en los emocionales como factores esenciales para la satisfacción de las necesidades del hombre y el anhelo perseguido por todo grupo social Es la expresión material del hogar, donde los individuos nos formamos para constituir y asumir nuestros roles en la sociedad; la vivienda para hombres y mujeres está cargada de infinidad de significados; es además de cuatro paredes y un techo que brindan protección ante las condiciones ambientales, el lugar donde aseguramos nuestra individualidad, donde gozamos y desarrollamos nuestra propia visión del mundo, es también en muchos casos el lugar de trabajo, de descanso, de procreación.

La vivienda es al mismo tiempo indicador del nivel de vida de una población determinada y reflejo de su identidad cultural. La vivienda no escapa al torbellino de cambios, producto de los nuevos procesos económicos globales, por estar vinculada a fenómenos como la urbanización descontrolada y a la migración.

Ambos fenómenos, si bien no de reciente aparición, si han sido intensificados en los últimos años y cuya característica más notoria es la reestructuración de las antiguas formas de organización social, económica y espacial. Esto se ha evidenciado en efectos sobre los diferentes ámbitos de la vida, variable en intensidad, pero alcanzando todos los lugares del planeta.

En el caso de la urbanización y la cada vez mayor tendencia a vivir en el mundo urbano influye en el deseo de las personas que no viven en las ciudades, de poseer una vivienda con referentes urbanos, aunque las formas físicas, organizativas, tecnológicas y usos no se correspondan con sus costumbres culturales.

La migración por su parte, también es un factor que incide en la concepción, adquisición y uso de la vivienda; por un lado los inmigrantes al conocer y habitar en viviendas propias de las sociedades de destino, tratan de replicar en su vivienda los detalles que fueron aprendidos.

  1. Por otro lado, se ha podido comprobar que en gran medida la aspiración de los inmigrantes es poder reunir los recursos suficientes para adquirir su vivienda, como elemento que ayuda a elevar la calidad de vida.
  2. Así mismo, en muchos casos las remesas o dinero enviado a sus lugares de origen tienen también como finalidad, la adquisición, ampliación o mejoramiento de la vivienda.

De tal manera que ambos fenómenos, expresiones de la era de la globalización, inciden en que la vivienda hoy en día, sea también un elemento que experimenta metamorfosis, por no llamarlo evolución. Este es el caso de la vivienda indígena del municipio de Ixmiquilpan en el estado de Hidalgo en México, en el que la vivienda propia de la etnia otomí, caracterizada por el uso tradicional de la hoja del maguey, por el influjo de la urbanización y de la migración, se ha modificado en el tiempo hasta llegar a la actualidad a una vivienda más acultural, industrial y urbana, menos confortable en términos climáticos y dudosamente más armoniosa.

Para llegar a presentar la vivienda del caso de estudio, se da de manera preliminar una síntesis de los fenómenos de migración y urbanización en la localidad y la influencia que ejercen de manera general en la población y concretamente en la transformación de la vivienda. Posteriormente se expone el contexto geográfico y algunas generalidades sobre la zona de estudio, para presentar luego las características de la vivienda tradicional otomí y los nuevos rasgos de la vivienda actual.

Dos fenómenos globales inciden en la vivienda actual: urbanización y migración El proceso de urbanización propio de la revolución industrial, que dio origen a las grandes metrópolis, ha sido rebasado en la actualidad, por un nuevo modelo producto de una era de intensa y excesiva reestructuración en donde las ciudades y el territorio adquieren significados y funciones diferentes.

  • Este modelo se caracteriza por la aglomeración de territorios, cuya máxima expresión son las llamadas “megaciudades”.
  • Las ciudades son ahora los centros de comando, gestión y acumulación de capital, organizados a escala planetaria; núcleos de una gran red que integra lo urbano y lo rural.
  • Esta dimensión territorial manifiesta una creciente integración entre problemas rurales, urbanos y del medio ambiente (Eurosur, 2003).

Como menciona Soja, los nuevos procesos de urbanización ha llevado a un profundo cambio en las representaciones de la ciudad, reestructurando sus significados y el simbolismo cultural (2000:149), por lo que cada vez se hace menos posible definir sus límites dificultando trazar la línea entre lo que está dentro o fuera de la ciudad, lo que es el campo, la no ciudad, lo suburbano, etc.

  1. Esta transición hacia un mundo cada vez más urbanizado basado en la extensión de las sociedades, culturas y economías están afectando con diferentes grados de intensidad a todos los lugares del planeta.
  2. Esto ya era previsto por algunos estudiosos a fines de la década pasada, cuando afirmaban que “La humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada.

No solo porque los datos indican que la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas a principios del siglo XXI, sino porque las áreas rurales formarán parte del sistema de relaciones económicas, políticas, culturales y de comunicación organizado a partir de los centros urbanos” (Borja y Castells, 1997:11).

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), actualmente, los países de América Latina y el Caribe están sumamente urbanizados y lo estarán mucho más en el futuro. En México esto es evidente: la población urbana del país pasó de ser el 64.9 por ciento en 1980 al 71.4 por ciento en 1990 y para el censo del 2000, era el 74.6 por ciento,

Igualmente es posible observar como centros de población, de dos o más municipios están formando o tienden a formar una continuidad física y demográfica; en otros casos el crecimiento de una sola ciudad ha aumentado hasta alcanzar físicamente a otras u otros núcleos urbanos, procesos todos que están desafiando las convencionales definiciones de urbano, suburbano, exurbano, periurbano, conurbano, no urbano, rurbano, rural.

  • Tal es el caso de El Tephé, la zona estudiada, donde inicialmente es considerada como una localidad rural con población indígena, pero que espacialmente está integrada a otras localidades también rurales, unidas a su vez a la cabecera municipal por el crecimiento urbano de las últimas décadas.
  • Si nos ceñimos entonces a los conceptos tradicionales, El Tephé, Dios Padre, Humedades estarían considerados como la zona periurbana de Ixmiquilpan, utilizando literalmente la definición del término periurbano que significa “alrededor de los bordes o de la periferia de una ciudad”, que también incluye los nombres ciudad del borde, ciudad de chabola, favela, establecimiento ilegal, establecimiento informal, término que se puede utilizar para describir a personas en las periferias o los bordes de las zonas oficiales usual y reconocidas de la ciudad (Saniplan, 2000).

Pero que no estaría muy apropiado, pues no han sido asentamientos que surgieran posteriormente a la ciudad como lugares conformados por el crecimiento de su población, que solo encuentran espacio en la periferia. Quizás el término conurbado se acerque un poco más, teniendo en cuenta la definición como el proceso urbano de unión geográfica de dos o más ciudades.

Este ocurre por el crecimiento de una sola ciudad hasta alcanzar físicamente a otras o bien por el crecimiento de dos o más núcleos urbanos hasta que se alcanzan entre sí (Universum, 2000). Aquí se trata de una ciudad (Ixmiquilpan ) y unos centros urbanos de poblaciones que en su crecimiento se han extendido hasta unirse, presentándose una continuidad construida.

Con respecto a los conceptos de urbano y rural, existen diferentes tipos de definiciones que pueden ser objetivas y teóricas. Sin embargo ha resultado muy eficiente a nivel práctico las que se utilizan en los censos, que determinan la existencia de cierto número mínimo de población a partir de la cual una aglomeración se convertiría en urbana, mientras que todas aquellas entidades que no alcanzasen dicho monto pasarían a engrosar el conjunto de población rural.

  • Barros, 1999).
  • En el caso que atañe, la cuestión se complica, cuando a pesar de cumplir las condiciones que hacen rural la localidad, además de su unión física asume características urbanas de la ciudad a la que se anexa (que en este caso podría ser como algunos investigadores urbanos han llamado rururbana), como a otros centros urbanos que han sido conocidos por los habitantes que han tenido la experiencia migratoria.

Hablar de la globalización de la economía, nos remite a un sinfín de acciones que operando, han llevado a la transformación de las estructuras espaciales y sociales en las diferentes regiones y países del mundo. La internacionalización, el mercado libre, el ascenso de las actividades terciarias, la reestructuración de las anteriores formas de organización del trabajo basada en un modelo flexible de relaciones laborales, la contracción del Estado en la participación de las políticas económicas y la intensificación de la migración, hacen que debamos pensar nuestras sociedades y nuestros territorios de una manera cambiante.

El modelo económico fundamentado en la acumulación de capital y la ganancia, ha propiciado una cada vez mayor concentración de riqueza y empobrecimiento de la población. En el campo, las políticas de reducción de la inversión para el desarrollo y la apertura de las fronteras del país a la importación libre de productos agrícolas, han incrementado el desempleo crónico, al tiempo que han creado la demanda de trabajo barato en las regiones donde se desarrollan cultivos comerciales, basados en fuertes inversiones.

Todos estos factores impulsan a la población tanto rural como a la urbana más pauperizada a salir de sus lugares de origen en busca de mejores oportunidades, a regiones con mayor desarrollo, aumentado así mucho más el proceso de urbanización. En México como menciona el Consejo Nacional de Población “la orientación exportadora del nuevo modelo de desarrollo está generando estados, regiones, sectores de actividad y grupos sociales ‘ganadores’ y ‘perdedores’ (CONAPO, 1999: 40) dependiendo de su habilidad para que a través de sus actividades productivas eviten la contracción de la oferta de empleo y demás aspectos que inciden en el deterioro de las condiciones de vida de la población y por ende, ver la migración como una opción.

  • Como lo han indicado las fuentes, en México el boom de la explosión demográfica de la segunda mitad del siglo XX y la desigualdad en las inversiones de las regiones, influyeron notoriamente en la tendencia a la migración tanto interna como internacional.
  • El torrente de población dejaba un agro empobrecido y se dirigía en dirección a las ciudades en vías de industrialización y desarrollo, como la capital del país, Guadalajara, Monterrey y las ciudades de frontera como Ciudad Juárez y Tijuana, estas últimas como opción para el paso hacia la gran potencia del norte.

La participación indígena en estas corrientes migratorias estaba presente pero no era significativa; las ocupaciones que dejaba la población mestiza rural eran ahora para los indígenas, por lo que estos no migraron en los cincuenta y sesenta en la misma proporción que la población no india.

Nolasco, 1995; Alvarez, 1995; CNDH, 1999; entre otros). Definitivamente el proceso de migración en tiempos de la globalización económica ha variado sus características, siendo principalmente un movimiento de fuerza de trabajo en la que la población femenina e indígena resulta muy importante. La zona de estudio: El Tephé Expuesto de manera sucinta los dos factores más importantes que han influido de manera decisiva en la transformación, las nuevas pautas de concepción, construcción, uso del espacio doméstico y organización interna de la vivienda específica de la comunidad otomí de la localidad de El Tephé (migración y urbanización incontrolada), se hará la caracterización de la zona de estudio, del proceso migratorio de la población que da origen a las particularidades de este tipo de vivienda: una vivienda perteneciente a un grupo indígena, pero con referentes urbanos transnacionales.

La localidad, el municipio, el estado, el país: La vivienda que se presenta en este trabajo es la producida en El Tephé, la localidad principal del municipio de Ixmiquilpan ubicada al sureste del estado de Hidalgo, en lo que se conoce como el Valle del Mezquital, en la república mexicana (figuras 1a y 1b).

Figura 1a. Localización geográfica.

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Figura 1b, Fuente: INEGI 1995.

La cabecera municipal es Ixmiquilpan, con sus 30.831 habitantes se ha ido uniendo con las poblaciones aledañas formando prácticamente una sola mancha urbana que suma 41.329 habitantes; son ellas Taxadho, Cañada Chica, San Salvador, El Tephé, Humedades, Dios Padre, Panales, Maguey Blanco y Pueblo Nuevo.

  1. La población total de la localidad de El Tephé es de 2.172 habitantes y está incluida por el Instituto Nacional Indigenista como una comunidad indígena, de la etnia otomí, que corresponde al 7.31 por ciento de la población indígena del municipio.
  2. En la localidad el 51.2 por ciento son hablantes de la lengua indígena y el 2.2 por ciento son monolingües.

De acuerdo a la ocupación territorial, se puede decir que se trata de un asentamiento de característica urbana invariable, es decir, una pequeña concentración de población consolidada y estabilizada en algún punto de su desarrollo, cuya transformación en el tiempo es poca.

Está compuesto por tres partes diferenciadas: un núcleo o “casco” urbano determinado por la Iglesia, el Panteón, la Plaza Cívica, la Cancha de Baloncesto, el Edificio Delegacional y algunas viviendas entorno; una serie de locales comerciales, los establecimientos educativos y de salud, localizadas en forma lineal en los márgenes de la carretera y una zona de viviendas dispersas del lado sur, que llegan a las faldas del cerro que da nombre a la localidad.

La forma de tenencia de la tierra es de propiedad social bajo la figura de comunidad agraria, en la que a cada familia le corresponde un predio. Las actividades productivas abocadas a los servicios recreativos y de turismo con base en dos balnearios, han sido importantes en los últimos años.

Sin embargo, la actividad principal a la que se dedican los habitantes es a la agricultura, con la siembra del maíz y la alfalfa básicamente y a las hortalizas y frutas de temporada como el higo y la granada. La ganadería es poca, casi para el consumo familiar; las familias poseen algunas vacas, borregos y chivos.

La comunidad indígena otomí de El Tephé es particularmente especial, por ser pionera en la construcción de balnearios en la región. Este nuevo elemento que aparece en la vida de la comunidad, altera los patrones tradicionales de convivencia, de solidaridad y trabajo en grupo, que se refleja en el desarrollo del pueblo y al parecer es un factor de influencia en la migración de sus habitantes.

  • El balneario generó un conflicto por el control y poder económico que representa y dividió la comunidad desde la década del 80 hasta la fecha.
  • Parece ser que el efecto más significativo del conflicto ha sido la ruptura de la vida comunitaria y la pérdida de la cohesión, propias de las culturas indígenas y que se manifiesta en diferentes aspectos de la vida cotidiana.

Así por ejemplo, muchas de sus características étnicas como las formas de gobierno, la organización social, creencias, fiestas y algunos aspectos culturales que tienen que ver con las formas de relación, de solidaridad, reciprocidad, de confianza, lazos de parentesco, todo aquello que a lo largo de la historia ha sido trasmitido entre generaciones para perpetuar su condición de otomí, se han visto modificadas.

Algunos símbolos étnicos que identifican y distinguen a la cultura otomí entre otros grupos sociales, ya no son manifestados por la población de El Tephé; tal es el caso de la indumentaria, las artesanías y la vivienda, El Tephé y la migración: En el Estado de Hidalgo la migración a Estados Unidos comienza a darse a partir de 1930, momento en el que coinciden una condición económica y social de México que generó amplios contingentes de origen rural y con una alta demanda de mano de obra en los estados del sureste norteamericano.

Entre las principales causas que motivaron la emigración de población del estado son el bajo ingreso, subempleo, insatisfacción en el trabajo, así como aspiraciones educacionales (Alvarez, 1995:246), sin olvidar la baja productividad de la tierra característica de la parte en que se encuentran el Valle del Mezquital, asiento del municipio y de la localidad de estudio.

La migración de los habitantes del Mezquital se dirigía preferentemente a Pachuca, la capital del estado, a la ciudad de México y en menor grado hacia Tula y Ciudad Sahagún en Hidalgo, pero al no existir la suficiente capacidad para sufragar la necesidad de trabajo, renuevan la posibilidad de emigrar al norte.

En la localidad de El Tephé la migración internacional se dirige exclusivamente hacia los Estados Unidos, predominantemente a los estados de California, Georgia y La Florida, en las ciudades de Oakland, Atlanta y Cleanwater. Se inicia a partir de la década de los ochenta, aunque se tiene registro de un hombre que salió en los cincuenta enganchado con el programa de braceros; pese a que se estableció allá, contribuyó a establecer la red social que ha permitido la migración actual.

Las fechas en que se reconoce el inicio de la migración y el momento en que se presenta el conflicto que divide a la comunidad por el balneario, coinciden, por lo que se cree existe una estrecha relación. Actualmente es propio de la comunidad la emigración de una población joven, entre los 15 y los 30 años, tanto femenina como masculina y laboralmente activa, mientras que los adultos y adultos mayores permanecen en la localidad, a diferencia de otras localidades del municipio en donde también se da migración y se van en todo tipo de edad, quedándose tan solo en las comunidades las autoridades y las mujeres ancianas.

Entre las causas que el Instituto Nacional Indigenista menciona son las que inducen la migración en las comunidades otomí, se encuentran la baja productividad de la tierra, los tiempos muertos en el ciclo agrícola, la asignación de terrenos a colonos mestizos (Sedesol, 2000).

Dichas causas son aplicables para la localidad de estudio, sin embargo causas como las que Alvarez o Nolasco generalizan para los migrantes indígenas del Valle del Mezquital en cuanto a carencia de empleos rurales y/o expectativas de trabajo y alternativas de educación son relativas, por cuanto entre los dos balnearios se han creado opciones de trabajo directo para los miembros de la comunidad, remunerados y con muchos estímulo monetarios y no monetarios (como las despensas mensuales, regalos y festejos, etc.); y trabajo indirecto como todos los servicios adicionales para el turismo.

En comparación con las localidades vecinas se ve mayor infraestructura, mayor dotación de servicios, teniendo presente que el municipio es poco lo que ha invertido en El Tephé. De igual manera, en la localidad la oferta educativa es buena y llega hasta el bachillerato tecnológico,

Como la emigración en esta zona es indocumentada, los pone en una posición vulnerable en la que se ven obligados a aceptar trabajos en labores agrícolas y construcción para los hombres y en el servicio doméstico para las mujeres, oficios que requieren demasiado esfuerzo físico, son inestables y remunerados injustamente, viéndose forzados a desarrollar estrategias para poder generar ahorro.

Otra de las características es que es una migración temporal y en cadena, en la que el grueso de la población va y vuelve varias. Al ser la migración el proceso mediante el cual la población busca mejorar sus condiciones de vida, el rol de las remesas en dicho proceso es muy importante, ya que además de la adquisición del dinero en sí, el envío periódico de dinero a sus familias es una manera en que procuran mantener una relación más o menos continua con sus lugares de origen (Nolasco, 1995:138).

Las remesas que se envían a las personas de la localidad son predominantemente de tipo familiar, aunque también son importantes los ahorros que hacen personalmente en Estados Unidos, como aquellos que se realizan a través de terceras personas en México. El dinero que es enviado, tiene como objetivo el mantenimiento de las familias, pero en esta localidad se da una pequeña diferencia entre los emigrantes que pertenecen a cada uno de los grupos en que se dividió la comunidad.

Para uno de los grupos, la prioridad de la remesa es el consumo básico ya que para ellos los problemas de subsistencia permanecen, mientras que para el grupo cuyo balneario es más antiguo el destino predominante de las remesas era la construcción y/o mejoramiento de sus viviendas.

  1. La vivienda La vivienda tradicional es el resultado de la convergencia de diferentes épocas, estilos e influencias en determinados lugares, que se convierte en expresión cultural e identitaria.
  2. En el caso de los grupos indígenas otomí, la vivienda típica había significado durante mucho tiempo un soporte fundamental de los rasgos característicos que conforman su identidad cultural.

A lo largo de los siglos, este grupo supo aprovechar sabiamente lo que su entorno natural y adverso le ofrecía para desarrollar su refugio, dando origen a la singular vivienda del maguey ; No es gratuito que el maguey blanco y la lechuguilla, símbolos de toda la región, derivaran el nombre a la comunidad estudiada: El Tephé, que en lengua náhuatl quiere decir “cerro donde se da la lechuguilla”.

Las Relaciones describen las viviendas originales de los otomíes como de baja calidad, pequeñas y de poca altura, de planta rectangular, estrechas, de paredes y techos hechos en pencas de maguey (Carrasco, 1979: 88). La vivienda del maguey constituía un ejemplo de superposiciones culturales, entre las formas prehispánicas de la vivienda en las culturas locales recientes, sin embargo la virtual extinción de la planta, junto con influencias externas (de tipo económico y sociocultural) han llevado a la casi total desaparición de este tipo de vivienda.

Como afirma Hernández. “Las trasformaciones ocurridas en los últimos años en la cultura otomí del Valle del Mezquital, van en sentido negativo y no saben ofrecer alternativas válidas para sustituir aquello que está prácticamente en peligro de perderse.

  • La vivienda de maguey, única en el mundo, fue posible gracias al conocimiento milenario del árbol de las maravillas” (Hernández, 1987:381).
  • Del maguey al cemento y al vidrio oscuro La vivienda típica del maguey estaba conformada por dos o tres construcciones no muy grandes, casi independientes entre sí destinadas una a dormitorios y la otra para cocinar.

La áreas variaban entre 10 y 25 metros cuadrados. Los muros de las construcciones destinadas como dormitorios eran realizadas en piedra caliza y cubiertas con las pencas del maguey (figura 2), en tanto que las construcciones para cocina era totalmente realizada con el maguey.

Figura 2. Vivienda típica del Maguey. Fuente: López, 1987,

Las viviendas se ubicaban dentro de un solar delimitado por magueyes, órganos y tenían un área destinado al trabajo del ayate junto al cual se encontraba un corral para los animales domésticos (ovejas y chivos principalmente) (figura 3).

Figura 3, Planta vivienda del maguey. Fuente: López, 1987.

El mobiliario de la casa típica estaba compuesto por una cama para las parejas y petates para los demás miembros de la familia, sillas, una pequeña mesa, un arcón para guardar ropa y en los muros se colgaban otras pertenencias. Siempre existía un rincón o nicho a modo de altar para colocar las imágenes de los santos.

  • En la cocina se usaba una mesa de madera, una hornilla, algún trastero y diferentes ganchos para colocar los utensilios y el típico acocote (Hernández, 1987: 392).
  • Moya por su parte habla de tres tipos de viviendas otomíes: un primer grupo, en el que las viviendas estaban totalmente construidas con las pencas de maguey incluyendo paredes y techo.

Un segundo grupo en el que las construcciones eran en bahareque las paredes y el techo con palma y el maguey era solo utilizado para las cumbreras. El tercer grupo lo forman las viviendas con paredes en adobe o piedra y techos en palma o pencas de maguey (Moya, 1982: 161) (figura 4).

Figura 4, Sistema constructivo de la vivienda del maguey. Fuente: Prieto, 1994.

Recientemente las transformaciones ocurridas en la cultura otomí del Valle del Mezquital, ha llevado al desmembramiento de las ricas y variadas tradiciones culturales que se ve reflejado -entre otras muchas cosas- en la vivienda. Procesos como la migración y las nuevas actividades económicas realizadas en la región, han alterado la vivienda tradicional tanto conceptualmente, como morfológica y tecnológicamente, así como en el uso de los espacios.

Las transformaciones que la vivienda otomí presenta actualmente tienen que ver con tres aspectos básicamente: por un lado está el influjo de las culturales dominantes penetrado indirectamente por los medios de comunicación, y directamente por la cercanía con los centros urbanos como Ixmiquilpan, Pachuca y la Ciudad de México y el contacto directo con la cultura estadounidense a través de la experiencia migratoria.

El segundo aspecto tiene que ver con el auge de los materiales industrializados, más abundantes y hasta cierto modo más fáciles de adquirir y de emplear. El tercer aspecto es el deterioro de los recursos naturales con que contaban anteriormente para la construcción de la vivienda, y con él la pérdida del conocimiento de las técnicas y procesos ancestrales.

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Para conocer en detalle sobre cual ha sido el resultado de dichas transformaciones, a continuación se explicará la vivienda a través de los elementos que permiten definir su identidad arquitectónica, esto es: a) las características organizativas, dentro de las que se estudia la disposición de las partes o componentes de la vivienda, el número de edificaciones que la conforman, el número de espacios de cada edificación y sus relaciones; b) las características formales, que tiene que ver con el contorno de la edificación, su volumen y planta y los aspectos decorativos; c) las características constructivas, estudiando los materiales, la técnica de elaboración de las partes de cada edificio.

La actual vivienda otomí en El Tephé Dentro de las características organizativas, en El Tephé las viviendas presentan una imagen completamente diferente a las típicas casas de esta comunidad indígena. Las dos o tres construcciones que anteriormente conformaban la unidad de vivienda, ahora es reemplazada por una sola construcción que sigue siendo generalmente de una planta y la cual alberga todos los espacios.

  1. La planta anteriormente rectangular, en la vivienda actual puede ser cuadrada, rectangular o irregular.
  2. Además de los espacios tradicionales de dormitorios y cocina, aparecen nuevos espacios como la sala, el estar de televisión y el estudio.
  3. La cocina que durante mucho tiempo fue una construcción independiente en la que generalmente se realizaban las dos actividades de cocinar y comer, ahora está completamente integrada con el comedor en lo que suelen llamar “cocina tipo americano”, es decir sin muro divisorio y con una barra que usan como “desayunador”.

Algunas casas poseen en la parte lateral un espacio cubierto o descubierto pero con piso acabado, para uno o dos vehículos, espacio análogo a la “cochera” americana. Los baños están al interior d la vivienda y son de grandes dimensiones, donde la disposición y los aparatos mismos son al estilo de las viviendas estadounidenses que conocieron.

Figura 5. Planta de vivienda actual construida por migrantes. Fuente: OLRA, 2002.

La dimensión de las viviendas ha aumentado sustancialmente respecto a la de la vivienda tradicional, encontrándose viviendas de 150 a 250 metros cuadrados; esto reduce los predios por lo que eliminan las huertas o corrales para animales. Estos en los casos en que todavía existen, son levantados a cierta distancia de la vivienda, pero en predios comunales.

  1. Nuevo equipamiento aparece en esta vivienda: el horno microondas, equipos de sonido, de televisión, de cine, closets, tinas, jacuzzi, etc.
  2. Como características morfológicas se puede observar que la forma de la vivienda que se realiza recientemente, también dista mucho de la vivienda propia de la etnia y de la región.

(figura 6)

Figura 6. Nuevas formas en la construcción de las viviendas, Fuente: OLRA, 2002,

Aunque la vivienda es un solo volumen, este no es una forma pura, sino que se destacan partes que sobresalen, que están retraídas, con formas redondeadas (especie de ábsides). Aunque lo que predomina son las viviendas de un piso, también se encuentran de dos pisos y en ellas es posible encontrar balcones y voladizos.

  1. Un rasgo muy notorio es el tratamiento que le dan a las cubiertas.
  2. Hechas en placas de concreto muy delgadas, son inclinadas, a veces a un agua (en direcciones diferentes dependiendo de la parte de volumen que cubre), otras veces a dos, otras a cuatro y hasta más.
  3. Las que poseen la cubierta plana en general es porque el propietario espera adquirir más dinero para ampliar hacia un segundo piso.

Las pequeñas puertas de acceso a las viviendas características de la vivienda del maguey, ahora son sustituidas por grandes portones muy elaborados; los antiguos espacios interiores oscuros son reemplazados por enormes ventanas de formas variadas (redondeadas en las esquinas, con arco de medio punto, horizontales, oblongas, etc.) Aparecen elementos utilizados como decorativos y considerados de prestigio en la región, como columnas en la fachada y chimeneas,

Aunque muchas de las viviendas no han llegado a su finalización, son pocas las que tienen color; en este caso es aplicado un color diferente para la fachada y otro para las cubiertas. Elementos que se destacan en este nuevo paisaje construido son las antenas parabólicas, Las bardas delimitadoras de los predios antes elaboradas con los órganos y que también eran ornamentales, ahora aunque existen, son reemplazadas por bardas de concreto y rejas metálicas.

Dentro de las características constructivas se aprecia que los materiales tradicionales como el adobe, el bahareque, la palma y sobre todo el maguey han sido sustituidos por materiales más modernos como el bloque de cemento, el hierro, el aluminio y el vidrio oscuro.

La construcción de muros siempre cuenta con el bloque de cemento hueco, que en muchas de las viviendas queda durante un tiempo a la vista. De acuerdo a las posibilidades económicas del propietario, se cubre las paredes con una mezcla de mortero y quienes más pueden, le aplican color. Las puertas se realizan con materiales como la madera, el vidrio y el aluminio.

Las ventanas son de cristales oscuros, con perfilería en aluminio dorada. Los pisos son de concreto y el acabado final, como en el caso de las paredes también depende de los recursos del dueño. Muchas se encuentran aún con el cemento afinado, pero otras viviendas tienen baldosas cerámicas, mármol, madera.

Figura 7, Vivienda actual de migrantes en El Tephé. Fuente: OLRA, 2002.

Definitivamente la experiencia migratoria incide en la forma en que los habitantes de El Tephé y otras poblaciones de la región asumen su vivienda, pues aunque conservan rasgos de su cultura, es imposible no dejarse permear por todo lo que viven y aprenden en el país más desarrollado. Un testimonio de una de las migrantes entrevistadas durante la investigación dice: “Nosotros aprendemos las costumbres y un poquito el modo de vivir y el uso de las cosas. Antes todos comíamos allá ahora ya compramos esto, entonces ya cambiamos. Ahora ya para ver la tele te sientas en la sala, en cada cuarto, yo por ejemplo les voy a poner su tele en cada cuarto, ya son cosas que antes no se tenían. Como yo iba a limpiar casas, vi muchas cocinas diferentes y de ahí aprendí: las cocinas son descubiertas. Al maestro yo le di la idea y además el folleto porque traemos revistas. Inclusive el señor que vino también me trajo fotos, le digo no. Yo no quiero así. Este baño también es de allá. Y ese baño está chiquito a comparación de los que yo vi allá. Inclusive la sala también, hicimos esas modificaciones porque he visto como está allá la chimenea. Las cortinas también van a ser igual a las que están allá. Traemos el modelo y las mandamos hacer. Los closets los hicimos también, apenas ayer terminamos, son también casi de allá, no más que no los hicimos muy bien porque ya lo económico se va acabando” (El Tephé, Agosto del 2002). Reflexiones finales Como se puede apreciar, de la vivienda típica otomí del Valle del Mezquital, en El Tephé solo nos queda su recuerdo. La fisonomía de las viviendas y el uso de los espacios que se hacen recientemente en el pueblo, tiene que ver mucho con la influencia que reciben los migrantes en su contacto con las construcciones y formas de vida de las ciudades a donde llegan a vivir. La vivienda rural e indígena que se caracterizaba por ser el resultado de conjugar los materiales que le brindaba la naturaleza, con un criterio estético y de confort ambiental, producto del conocimiento y herencia cultural, hoy en El Tephé es en muchos casos el resultado de la consulta de arquitectos que desde escritorios venden un plano, sin tener en cuenta aspectos como el clima, la localización, las características de la familia que la habitará, la importación de materiales, etc. Existen varios casos en que las viviendas de los emigrantes son diseñadas a distancia, encargadas a miembros de la familia que dirigen el proceso de construcción y la distribución de las remesas, que el propietario solo conoce tan pronto como llega a la localidad. Además del cambio en los sistemas constructivos y en la morfología de la vivienda, la concepción y uso del espacio es diferente. Se replican las formas, cantidad, tamaño, decoración y uso de los espacios de las viviendas que han visto mientras trabajan o viven y a su vez son imitadas por otras personas del pueblo que van viendo como los emigrantes construyen. No importa el clima, ni si la adquisición de los materiales sea difícil y costosa y no sea la adecuada para lograr el confort bioclimático, solo parece importar hacer sus viviendas lo más parecido a las de Estados Unidos. Por otro lado, también se pudo corroborar lo que fuentes como el Consejo Nacional de Población (CONAPO), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) o la Secretaría de Gobernación (Hernández, 2001; Robles, 2001) mencionan sobre el destino de las remesas, en que en primer lugar están dirigidas para el gasto familiar y en segundo lugar, para diversas acciones en torno a la vivienda. Notas La realización de este trabajo, fue posible con información levantada para la investigación: Migración, Remesas y Estrategias de la Mujer en una Comunidad Indígena de Hidalgo: Familias Otomí de El Tephé elaborada por la autora. Maestra en Arquitectura y estudiante del Doctorado en Estudios Urbanos en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Becaria de Investigación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede México. Según CONAPO (Consejo Nacional de Población), la población total de la república en 1980 era de 66.846.800 habitantes, de los cuales 43.383.573 eran urbanos y 23.463.227 rurales. Para el Censo de 1990, la población total llegó a los 81.249.600 habitantes con 58.012.214 habitantes urbanos y 23.237.386 rurales. En el Censo del 2000 la población total fue de 97.483.412 habitantes, con 72.759.822 urbanos y 24.723.590 rurales. Fuente: Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000. Considerando la categoría de ciudad por el número de habitantes superior a los 30.000 habitantes; la densidad de población 140 Hab/Km2; la morfología; la actividad económica, etc. En el primer caso, en general visten ropa comercial y hasta es posible ver bastantes personas usando tenis de marca extranjera. En el caso de la vivienda como se verá más adelante, morfológica y tecnológicamente difieren de la vivienda tradicional otomí. Por último, en cuanto a artesanías, ya en la comunidad nadie se dedica al trabajo del ayate que era tradicional en la comunidad, por dedicarse unos a laborar directamente en los balnearios y otros a trabajar informalmente en la venta de comida y otros artículos para el turista. De acuerdo a los testimonios de las personas entrevistadas para la investigación. Además parece ser que en ninguno de los casos de jóvenes que emigraron a Estados Unidos lo hicieron con el objetivo fue estudiar, como si obtener dinero para poder darse la satisfacción que brinda el tener ciertos bienes materiales que los padres no les pudieron ofrecer en su comunidad. El balneario que pertenece a este grupo es de fecha reciente, con lo cual los ingresos recibidos solamente alcanzan para cubrir el crédito que recibieron para la construcción, mantenimiento y su ampliación. Entonces la oferta de trabajo del balneario no es suficiente y deben sobrevivir con lo poco que producen y mercadean de sus milpas. A esto se le añade el que tengan que asumir de manera individual los gastos médicos, de educación, muerte. A este grupo pertenece el primer balneario que data del 80 y en los últimos 10 años de funcionamiento ha arrojado cuantiosas ganancias con lo que, además de trabajo remunerado para sus socios, el balneario está sufragando los gastos básicos de alimentación con la despensa mensual (consistente en todos los alimentos de la canasta básica), de servicio médico, ayudas para educación (becas) y alguna dotación de enseres para las viviendas (regalo de neveras en navidad, de estufas el día de la madre, etc.). Posible por la abundancia de cultivos de maguey, así como la presencia en este paisaje árido de arbustos espinosos, cardón, biznaga, el órgano, nopales propios de la región del Valle del Mezquital. Acocote (del aztequismo acocotli). En México, variedad de la calabaza común, indígena del país, conocida también por alacate. Fruto de esta planta, alargado a veces hasta como de un metro y que, agujereado por ambos extremos, se usa a manera de pipeta de laboratorio, para extraer por succión el aguamiel del tallo de maguey (López, 1987:397). Ninguno de estos dos elementos tienen tradición en la región. Las chimeneas por el clima nunca existieron. En una comunidad cercana, se llega a encontrar viviendas con puertas de garaje eléctricas. Bibliografía ALVAREZ, Juana. La emigración internacional en el estado de Hidalgo, en VARGAS, Pablo. Hidalgo: Población y Sociedad al siglo XXI, Pachuca, Edo. de Hidalgo: entro de Estudios de Población de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo., 1995, pp.243-264 BARROS, Claudia. De rural a rururbano: transformaciones territoriales y construcción de lugares al sudoeste del área metropolitana de Buenos Aires. http://www.ub.es/geocrit /sn-45 (51).htm > BORJA, Jordi y CASTELLS, Manuel. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. México:Editorial Taurus, 1997. CARRASCO PIZANA, Pedro. Los otomíes: cultura e hitoria prehispánica de los pueblos mesoamericanos de habla otomiana, México: ONAPAS, 1979. CONAPO. La situación demográfica de México, México: Consejo Nacional de Población, 1999. DUCCI, María E. Introducción al Urbanismo, Conceptos básicos. México: Editorial Trillas, 1989. EUROSUR. Tratado sobre urbanización. Tratados alternativos de Río92 http://www.eurosur.org/NG > HERNÁNDEZ, Juan.2001. Mexicanos en Estados Unidos: Más dinero a casa, en La Opinión, Viernes, 15 de junio, México D.F, 2001. INSTITUTO NACIONAL INDIGENISTA. La migración indígena en México, México DF: I.N.I., 2000. LÓPEZ MORALES, Javier. rquitectura Vernácula en México. Tercera edición; México DF:Trillas,, 1993. MOYA RUBIO, Víctor José. La vivienda indígena de México y del mundo, (1988) 3ª edición. México, D.F: Universidad Nacional Autónoma de México, 1982. MUÑOZ, Alma Rosa.2002. Efectos de la globalización sobre las migraciones internacionales. Papeles de Población, Centro de Investigación y Estudios Avanzados de la Población de la Universidad Autónoma del Estado de México. Año 8 No.33 Julio-Septiembre. México, 2002, pp.9-45. NOLASCO, Margarita. Migración indígena en las fronteras nacionales, México D.F: Centro de Ecología y Desarrollo, 1985. PEDRAZZINI, Carmen. Migración Interna, en Informe Migración: México entre sus dos Fronteras, Realizado por Coalición Pro Defensa del Migrante de Baja California y otros. México, 1999. PRIETO, Valeria. Vivienda Campesina en México, Segunda edición. Sedesol, Secretaría de Turismo e Infonavit. Mandarin Offset, Hong Kong, 1994. ROBLES, Francisco. Remesas, sostén de los campesinos mexicanos. Tres de cada cuatro mexicanos del área rural en edad de trabajar lo hacen en EU. Corresponsal de La Opinión, Sábado, 14 de abril, Nochistlan, Zacatecas, 2001. RODRÍGUEZ A., Olga Lucía. 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¿Qué significa ser otomí?

La palabra otomí, es de origen náhuatl y significa según Wigberto Jiménez Moreno “Flechador de pájaros”, haciendo referencia a una de las principales actividades a las que se dedicaban como lo era la caza, Algunos autores como Fray Bernardino de Sahagún en su obra: Historia General de las Cosas de la Nueva España, considera que el término proviene del nombre de uno de sus caudillos: “Otón” y otros más como Jacques Soustelle, en su obra La Familia Otomí-Páme, afirman que quiere decir “pueblo sin residencia” que se deriva de la palabra “otho”, no poseer nada y “mi”, establecerse,

¿Cómo se dice familia en otomí?

1. Familia- oto-mangue –2.

¿Cómo se dice leche en otomí?

Otomí Español
Otomí Español
b’a teta
b’abga leche de vaca
b’abru leche de burra

¿Cuáles son las principales características de los otomíes?

674 palabras 3 páginas CARACTERISTICAS DE LOS OTOMIES Del nombre En su lengua, los otomíes se autodenominan Hña Hñu, que significa hablantes de otomí o gente otomí.7239014351000 Localización Apegándonos al criterio lingüístico, los otomíes habitan en 14 de los 121 municipios del Estado de México.

  1. Las características del hábitat de los otomíes son variadas, pues cuenta con valles, bosques y montañas.
  2. Se asentaron en la región central del país desde principios del siglo XVI.
  3. Actualmente se localizan en una gran porción del territorio estatal; también se les encuentra en el Valle de México o en el Valle de Toluca.

Sin embargo, su mayor concentración se tiene en el centro-norte de la entidad, hasta los límites con los Estados de Hidalgo y Querétaro, la ver más TRADICIONES -38101714500Persisten ciertas costumbres que hablan del espíritu tradicional de la población.

Son prácticas que afloran en momentos cruciales de la vida, en los usos cotidianos o en los festejos. Entre los grupos otomíes, se conservan con gran fuerza las costumbres relacionadas con el “moshte” (ayuda durante la época de cosechas, algún festejo familiar, o un velorio), el trueque y la celebración del “día de muertos”.

Día de muertos.- Se celebra con la preparación de un altar con ofrendas para esperar la visita de las almas de los difuntos. La ofrenda para los “muertos chiquitos” incluye chocolate, leche, pan, frutas y dulces, entre otras cosas; en cambio, para los difuntos adultos se preparan los alimentos que más preferían en vida, botellas de licor, pulque y cigarros.

  • La ofrenda se adorna con un sahumerio, calaveras de azúcar, borreguitos de alfeñique, velas y flores de cempasúchil.
  • FIESTAS -38105270500Las principales fiestas están relacionadas con el calendario litúrgico y las conmemoraciones cívicas como el 5 de mayo, 16 de septiembre y 20 de noviembre, que en general incluyen vistosos desfiles.

Las festividades de mayor tradición pertenecen al culto católico. La fiesta más importante se celebra el 25 de julio en honor al “Señor Santiago”. Casi todas las comunidades del municipio celebran su fiesta titular en medio de

¿Cuándo se originaron los otomíes?

Lengua, cultura e historia de los otomíes David Charles Wright Carr El papel de los otomíes en la prehistoria y la historia antigua de México fue mayor de lo que generalmente se cree. Una mirada atenta al pasado de este grupo nos obliga a revalorar su contribución al desarrollo de la cultura plurilingüística de los antiguos habitantes del Altiplano Central.

Quienes buscan entender el papel de los hablantes de otomí en los procesos culturales e históricos del Centro de México encuentran un cúmulo de juicios negativos, desde las obras clásicas de los cronistas novohispanos hasta los estudios recientes que exageran las contribuciones de los nahuas a expensas de los demás grupos lingüísticos.

Según esta visión, los otomíes fueron los eternos marginados, que vivían a la sombra de los grandes centros de poder sin participar plenamente en la civilización centromexicana. Una mirada atenta revela una realidad más compleja. Los hablantes de otomí tienen raíces profundas en esta región y desempeñaron un papel fundamental en el florecimiento de las culturas mesoamericanas, desde el surgimiento de las primeras aldeas hasta nuestros días.

  • Las variables Estamos acostumbrados a concebir a los grupos lingüísticos como unidades culturales, con identidades étnicas claramente definidas, sin tomar en cuenta que lengua, cultura y etnicidad, si bien se interrelacionan, son variables independientes.
  • Si nos detenemos y reflexionamos, vemos que la lengua es sólo un aspecto de un mosaico cultural más complejo y variado.

Una lengua (o idioma) es una variedad del habla con una alta inteligibilidad interna y una baja inteligibilidad con otras variedades. Las lenguas se dividen en dialectos que son mutuamente inteligibles, pero con rasgos distintivos en la pronunciación, el vocabulario y la gramática.

Las lenguas son aspectos muy importantes de las culturas, pero no son suficientes en sí para definirlas. Puede haber otros rasgos culturales con mayor peso. La cultura puede definirse como las ideas, los valores y los patrones de comportamiento de un grupo humano. Está formada por varios subsistemas interrelacionados cuyas fronteras, que generalmente son borrosas, no necesariamente coinciden.

La cultura se adapta continuamente a los cambios geográficos, políticos y sociales. La definición de una cultura depende de cuáles aspectos se toman en consideración y del peso relativo que se les asigna a cada uno. El concepto de etnia expresa la idea de una comunidad humana con afinidades biológicas, lingüísticas.

  • Sociales, económicas, ideológicas o cualquier combinación de éstas.
  • Para definir un grupo étnico hay que señalar un conjunto de rasgos que distinguen al grupo de otras comunidades.
  • Una etnia puede ser definida por el grupo mismo, por sus vecinos o por personas ajenas, como los gobernantes o los académicos.

La definición de la etnicidad por el grupo es una estrategia para enfrentar un contexto histórico específico. Los individuos que se identifican con una etnia participan en un sentimiento colectivo de identidad. En cualquier momento las variaciones lingüísticas, culturales y étnicas se distribuyen en el espacio en redes de cadenas; dicho de otra manera, es usual que las diferencias se den de manera gradual a través del espacio.

  • En ocasiones se pueden observar discontinuidades en estas redes, debidas a migraciones, fisuras sociales u otros factores.
  • Conviene preguntarnos si
los otomíes han sido, en diferentes momentos de su historia, un grupo lingüístico, una
cultura o una etnia, o bien
una combinación de estas variables.
  • Su identidad lingüística es evidente: los otomíes son
 los hablantes de un conjunto 
de lenguas, emparentadas, que descienden de un idioma proto-otomí, hablado hace varios 
siglos en el Centro de México.

La existencia de una cultura otomí es menos evidente, ya que desde tiempos remotos los hablantes de otomí han habitado entornos geográficos diversos, entremezclados con
otras comunidades lingüísticas. En tiempos recientes se ha
tratado de fomentar, con base en la semejanza de sus hablas, la integración étnica de los otomíes.

La prehistoria otomí Si nos atenemos al criterio de la inteligibilidad, no hay un solo idioma otomí, sino cuatro: 1) el otomí occidental, hablado desde el valle de Toluca hasta la Sierra Gorda, pasando por el Valle del Mezquital; 2) el otomí oriental, hablado en la Sierra Madre; 3) el otomí de Tilapa, hablado en un pueblo del sureste del Valle de Toluca; 4) el otomí de Ixtenco, hablado en la falda oriental del volcán La Malinche.

Esta distribución refleja dos procesos: por un lado, la pérdida del otomí en algunas regiones, debido al desplazamiento de sus hablantes o su asimilación lingüística; por el otro, las migraciones otomíes hacia el oriente (Tlaxcala y Puebla) y el poniente (Michoacán), en tiempos precortesianos, y hacia el norte (Guanajuato y Querétaro), después de la Conquista.

  1. Algunos lingüistas usan el método estadístico de la glotocronología para calcular cuánto tiempo ha transcurrido desde la separación de las lenguas emparentadas.
  2. Los resultados son poco precisos, pero nos permiten correlacionar, de manera aproximada, los datos lingüísticos con la información arqueológica e histórica.

Las variantes del otomí presentan similitudes con otros idiomas de Mesoamérica y el Norte de México. Esto demuestra que las lenguas emparentadas eran una sola. Los idiomas más cercanos al otomí son, en primer lugar, el mazahua; después el matlatzinca y el ocuilteco, estrechamente emparentados entre sí.

  1. También se relacionaron con el otomí, aunque mas remotamente, el pame del sur, el pame del norte y el chichimeco jonaz.
  2. Todas estas hablas integran la familia lingüística otopame.
  3. Descienden de un idioma ancestral que podemos llamar proto-otopame, cuyo proceso de diversificación interna comenzó durante el periodo Protoneolítico (hacia 5000-2500 a.C.), cuando el idioma proto-pame-jonaz se separó del proto-otomí-mazahua-matlat-zinca-ocuilteco.

Hacia finales del mismo periodo, o durante el Preclásico Inferior (2’500-1200 a.C.), el proto-otomí mazahua se separó del proto-matlarzinca-ocuilteco. Hay una estrecha correspondencia entre las distancias lingüísticas de las lengua., otopames y su distribución geográfica: las que son más semejantes están cercanas en el espacio.

Los pames y los jonaces se encuentran en los estados de San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro y el norte de Hidalgo. El otomí y el mazahua se encuentran en el norte del estado de aunque el otomí tuvo una distribución más amplia, por migraciones expansivas. El matlatzinca y el ocuilteco se encuentran en el suroeste del estado de México.

Las redes de cadenas lingüísticas están esencialmente intactas. Esto indica que los grupos mencionados han estado cerca de sus ubicaciones modernas durante el proceso de ramificación de las lenguas, porque las cadenas lingüísticas difícilmente se transportan intactas de una región a otra.

Podemos concluir que los antepasados de los otopames han estado en el Centro de México desde antes del Preclásico Medio (1200-600 a.C.), cuando se consolidaron las primeras sociedades complejas. Ante la ausencia de otras cadenas lingüísticas en la región, es razonable suponer que los otopames formaban la base demográfica, durante el Preclásico, en los valles de México, Toluca, el Mezquital y quizá partes de Morelos, Puebla y Tlaxcala.

Los periodos Protoclásico y Clásico (150 a.C. – 600 d.C.) vieron el surgimiento y florecimiento de Teotihucan. Los otopames probablemente tuvieron un papel central en estos desarrollos; el registro arqueológico muestra un descenso demográfico en los valles centrales que corresponde al crecimiento de Teotihuacan.

  1. También llegaron inmigrantes de otras regiones para formar enclaves étnicos: la evidencia arqueológica sugiere la presencia de grupos de Oaxaca.
  2. La Costa del Golfo, Occidente y el área maya.
  3. En el Epiclásico (600-900), con el colapso del Teotihuacano, la población de los Valles Centrales se reacomodaron y se formaron varios estados rivales.

En el Posclásico Temprano (900-1200) Tula absorbió buena parte de la población del Mezquital y la Cuenca de México, a la vez que llegaron inmigrantes desde el noroeste. Después del colapso de Tula surgió un espeso mosaico de asentamientos en el Centro de México, con múltiples señoríos que rivalizaban por el control del tributo y el comercio.

Cuando llegaron al Centro de México, los españoles encontraron a numerosos hablantes de náhuatl, los cuales eran mayoría en varios de los señoríos más poderosos. Asimismo, había nahuas desde Jalisco hasta Centroamérica. Semejante distribución geográfica, aunada a cierta homogeneidad lingüística, indica que los nahuas eran inmigrantes recientes.

Los académicos siguen discutiendo la cronología de las migraciones nahuas. Queda claro que el lugar de origen de los nahuas es el Occidente de México, porque ahí están las redes de cadenas lingüísticas de la subfamilia yutonahua meridional, del cual el náhuatl forma parte, junto con el cora, el huichol y otras lenguas.

  • El idioma ancestral proto-yuro-nahua meridional empezó su proceso de ramificación interna durante el Protoneolítico o el Preclásico Temprano.
  • En algún momento del Preclásico (o a más tardar en el Protoclásico) surgió el idioma proto-nahua-pochuteco, el cual se dividió durante el Clásico o Epiclásico con la separación del pochuteco, cuyos hablantes se establecieron en la costa de Oaxaca.

El proto nahua se dividió en las variantes oriental y occidental durante la última parte del Clásico, el Epiclásico o principios del Posclásico Temprano. El nahua oriental se habla en la Sierra Madre Oriental, el sureste de Veracruz y Centroamérica. El nahua central (náhuatl) es una ramificación tardía del nahua occidental: sus hablantes se encuentran en el centro de México, al lado de los otopames y otros grupos.

  • Tomando en cuenta lo anterior, si hubo una presencia nahua en Tetihuacan habría sido como enclave étnico vinculado con Occidente.
  • Es probable que las migraciones nahuas hacia el Centro de México empezaran en el Epiclásico, después del colapso de Teotihuacan, o en el Posclásico Temprano, cuando surgió Tula.
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En el primer caso su presencia podría asociarse con la cerámica del Epiclásico llamada Coyotlatelco. Hay quienes relacionan este estilo con los de la periferia septentrional de Mesoamérica: otros la ven como un desarrollo regional o bien como la fusión de tradiciones locales y norteñas.

  1. Son más claras huellas arqueológicas de la llegada de inmigrantes del noroeste durante el Posclásico Temprano, particularmente en Tula, donde los estilos foráneos se mezclan con otros de la tradición centromexicana.
  2. En cualquier caso, esta primera ola migratoria puede asociarse con el nahua oriental.

La segunda ola, la del náhuatl occidental, se vincula con la historia de los y puede fecharse hacia el siglo XIII. Si buscamos la huella material de los otomíes en el registro arqueológico, pronto nos damos cuenta de la relativa homogeneidad de la cultura material de los antiguos habitantes del Centro de México.

Había, en el Posclásico, una cultura centromexicana plurilingüística. Si bien se ha sugerido que algún elemento cultural pudiera ser un “marcador étnico” de los otomíes (por ejemplo los bezotes de obsidiana en Xaltocan o los rituales en Chapantongo), sigue siendo muy difícil distinguir sus materiales de los de sus vecinos.

David Charles Wright Car. Maestro en bellas artes por el Instituto Allende, miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia, candidato al doctorado en ciencias sociales del Colegio de Michoacán y profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Guanajuato.

¿Qué se hace en el Centro Ceremonial otomí?

En 1980, el Centro Ceremonial Otomí abrió sus puertas para honrar las tradiciones y cultura ancestrales del pueblo otomí. Te contamos sobre esta obra de arte. – El Centro Ceremonial Otomí es un complejo de construcción reciente e inaugurado en 1980 en Temoaya, Estado de México, Abarca cerca de 45 hectáreas y se utiliza como espacio ritual de la etnia otomí contemporánea, Además, posee una zona para acampar y de recreación para sus visitantes.

El principal objetivo del centro es la creación de un espacio físico en el que las comunidades otomíes puedan dar continuidad a sus rituales ancestrales, creencias y tradiciones. El proyecto arquitectónico se basó en vestigios prehispánicos y fue impulsado por José López Portillo y el gobernador mexiquense Jorge Jiménez Cantú.

Actualmente, cada 18 de marzo en el Centro Ceremonial Otomí se celebra la Ceremonia del Quinto Sol, y cada primer domingo de mes se saluda a los puntos cardinales y se da gracias por la existencia. Cual Es Su Comida Tipica De Los Otomies Rafa Trevilla C Cortesía vía Flickr.

¿Cuántas personas hablan otomí en el Estado de México?

De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020, la lengua indígena que tiene el mayor número de hablantes en la entidad es la Mazahua, con un total de 132,710 hablantes, lo que representa el 31.8 por ciento; le sigue la lengua Otomí con 106,534 hablantes y en tercer lugar el Náhuatl, con un total de 71,338

¿Cómo se dice sopa en otomí?

Ayotl – Wikcionario, el diccionario libre.

¿Cómo son las casas de los otomíes?

La vivienda es un tema con el que todos de alguna manera tenemos que ver. Ha sido, es y permanecerá durante algún tiempo siendo objeto obligado en muchas de las disciplinas de investigación, acción y gubernamentales, La vivienda no solo es importante en términos físicos, sino también en los emocionales como factores esenciales para la satisfacción de las necesidades del hombre y el anhelo perseguido por todo grupo social Es la expresión material del hogar, donde los individuos nos formamos para constituir y asumir nuestros roles en la sociedad; la vivienda para hombres y mujeres está cargada de infinidad de significados; es además de cuatro paredes y un techo que brindan protección ante las condiciones ambientales, el lugar donde aseguramos nuestra individualidad, donde gozamos y desarrollamos nuestra propia visión del mundo, es también en muchos casos el lugar de trabajo, de descanso, de procreación.

  1. La vivienda es al mismo tiempo indicador del nivel de vida de una población determinada y reflejo de su identidad cultural.
  2. La vivienda no escapa al torbellino de cambios, producto de los nuevos procesos económicos globales, por estar vinculada a fenómenos como la urbanización descontrolada y a la migración.

Ambos fenómenos, si bien no de reciente aparición, si han sido intensificados en los últimos años y cuya característica más notoria es la reestructuración de las antiguas formas de organización social, económica y espacial. Esto se ha evidenciado en efectos sobre los diferentes ámbitos de la vida, variable en intensidad, pero alcanzando todos los lugares del planeta.

En el caso de la urbanización y la cada vez mayor tendencia a vivir en el mundo urbano influye en el deseo de las personas que no viven en las ciudades, de poseer una vivienda con referentes urbanos, aunque las formas físicas, organizativas, tecnológicas y usos no se correspondan con sus costumbres culturales.

La migración por su parte, también es un factor que incide en la concepción, adquisición y uso de la vivienda; por un lado los inmigrantes al conocer y habitar en viviendas propias de las sociedades de destino, tratan de replicar en su vivienda los detalles que fueron aprendidos.

Por otro lado, se ha podido comprobar que en gran medida la aspiración de los inmigrantes es poder reunir los recursos suficientes para adquirir su vivienda, como elemento que ayuda a elevar la calidad de vida. Así mismo, en muchos casos las remesas o dinero enviado a sus lugares de origen tienen también como finalidad, la adquisición, ampliación o mejoramiento de la vivienda.

De tal manera que ambos fenómenos, expresiones de la era de la globalización, inciden en que la vivienda hoy en día, sea también un elemento que experimenta metamorfosis, por no llamarlo evolución. Este es el caso de la vivienda indígena del municipio de Ixmiquilpan en el estado de Hidalgo en México, en el que la vivienda propia de la etnia otomí, caracterizada por el uso tradicional de la hoja del maguey, por el influjo de la urbanización y de la migración, se ha modificado en el tiempo hasta llegar a la actualidad a una vivienda más acultural, industrial y urbana, menos confortable en términos climáticos y dudosamente más armoniosa.

  • Para llegar a presentar la vivienda del caso de estudio, se da de manera preliminar una síntesis de los fenómenos de migración y urbanización en la localidad y la influencia que ejercen de manera general en la población y concretamente en la transformación de la vivienda.
  • Posteriormente se expone el contexto geográfico y algunas generalidades sobre la zona de estudio, para presentar luego las características de la vivienda tradicional otomí y los nuevos rasgos de la vivienda actual.

Dos fenómenos globales inciden en la vivienda actual: urbanización y migración El proceso de urbanización propio de la revolución industrial, que dio origen a las grandes metrópolis, ha sido rebasado en la actualidad, por un nuevo modelo producto de una era de intensa y excesiva reestructuración en donde las ciudades y el territorio adquieren significados y funciones diferentes.

Este modelo se caracteriza por la aglomeración de territorios, cuya máxima expresión son las llamadas “megaciudades”. Las ciudades son ahora los centros de comando, gestión y acumulación de capital, organizados a escala planetaria; núcleos de una gran red que integra lo urbano y lo rural. Esta dimensión territorial manifiesta una creciente integración entre problemas rurales, urbanos y del medio ambiente (Eurosur, 2003).

Como menciona Soja, los nuevos procesos de urbanización ha llevado a un profundo cambio en las representaciones de la ciudad, reestructurando sus significados y el simbolismo cultural (2000:149), por lo que cada vez se hace menos posible definir sus límites dificultando trazar la línea entre lo que está dentro o fuera de la ciudad, lo que es el campo, la no ciudad, lo suburbano, etc.

  • Esta transición hacia un mundo cada vez más urbanizado basado en la extensión de las sociedades, culturas y economías están afectando con diferentes grados de intensidad a todos los lugares del planeta.
  • Esto ya era previsto por algunos estudiosos a fines de la década pasada, cuando afirmaban que “La humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada.

No solo porque los datos indican que la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas a principios del siglo XXI, sino porque las áreas rurales formarán parte del sistema de relaciones económicas, políticas, culturales y de comunicación organizado a partir de los centros urbanos” (Borja y Castells, 1997:11).

Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), actualmente, los países de América Latina y el Caribe están sumamente urbanizados y lo estarán mucho más en el futuro. En México esto es evidente: la población urbana del país pasó de ser el 64.9 por ciento en 1980 al 71.4 por ciento en 1990 y para el censo del 2000, era el 74.6 por ciento,

Igualmente es posible observar como centros de población, de dos o más municipios están formando o tienden a formar una continuidad física y demográfica; en otros casos el crecimiento de una sola ciudad ha aumentado hasta alcanzar físicamente a otras u otros núcleos urbanos, procesos todos que están desafiando las convencionales definiciones de urbano, suburbano, exurbano, periurbano, conurbano, no urbano, rurbano, rural.

Tal es el caso de El Tephé, la zona estudiada, donde inicialmente es considerada como una localidad rural con población indígena, pero que espacialmente está integrada a otras localidades también rurales, unidas a su vez a la cabecera municipal por el crecimiento urbano de las últimas décadas. Si nos ceñimos entonces a los conceptos tradicionales, El Tephé, Dios Padre, Humedades estarían considerados como la zona periurbana de Ixmiquilpan, utilizando literalmente la definición del término periurbano que significa “alrededor de los bordes o de la periferia de una ciudad”, que también incluye los nombres ciudad del borde, ciudad de chabola, favela, establecimiento ilegal, establecimiento informal, término que se puede utilizar para describir a personas en las periferias o los bordes de las zonas oficiales usual y reconocidas de la ciudad (Saniplan, 2000).

Pero que no estaría muy apropiado, pues no han sido asentamientos que surgieran posteriormente a la ciudad como lugares conformados por el crecimiento de su población, que solo encuentran espacio en la periferia. Quizás el término conurbado se acerque un poco más, teniendo en cuenta la definición como el proceso urbano de unión geográfica de dos o más ciudades.

  1. Este ocurre por el crecimiento de una sola ciudad hasta alcanzar físicamente a otras o bien por el crecimiento de dos o más núcleos urbanos hasta que se alcanzan entre sí (Universum, 2000).
  2. Aquí se trata de una ciudad (Ixmiquilpan ) y unos centros urbanos de poblaciones que en su crecimiento se han extendido hasta unirse, presentándose una continuidad construida.

Con respecto a los conceptos de urbano y rural, existen diferentes tipos de definiciones que pueden ser objetivas y teóricas. Sin embargo ha resultado muy eficiente a nivel práctico las que se utilizan en los censos, que determinan la existencia de cierto número mínimo de población a partir de la cual una aglomeración se convertiría en urbana, mientras que todas aquellas entidades que no alcanzasen dicho monto pasarían a engrosar el conjunto de población rural.

  • Barros, 1999).
  • En el caso que atañe, la cuestión se complica, cuando a pesar de cumplir las condiciones que hacen rural la localidad, además de su unión física asume características urbanas de la ciudad a la que se anexa (que en este caso podría ser como algunos investigadores urbanos han llamado rururbana), como a otros centros urbanos que han sido conocidos por los habitantes que han tenido la experiencia migratoria.

Hablar de la globalización de la economía, nos remite a un sinfín de acciones que operando, han llevado a la transformación de las estructuras espaciales y sociales en las diferentes regiones y países del mundo. La internacionalización, el mercado libre, el ascenso de las actividades terciarias, la reestructuración de las anteriores formas de organización del trabajo basada en un modelo flexible de relaciones laborales, la contracción del Estado en la participación de las políticas económicas y la intensificación de la migración, hacen que debamos pensar nuestras sociedades y nuestros territorios de una manera cambiante.

  1. El modelo económico fundamentado en la acumulación de capital y la ganancia, ha propiciado una cada vez mayor concentración de riqueza y empobrecimiento de la población.
  2. En el campo, las políticas de reducción de la inversión para el desarrollo y la apertura de las fronteras del país a la importación libre de productos agrícolas, han incrementado el desempleo crónico, al tiempo que han creado la demanda de trabajo barato en las regiones donde se desarrollan cultivos comerciales, basados en fuertes inversiones.

Todos estos factores impulsan a la población tanto rural como a la urbana más pauperizada a salir de sus lugares de origen en busca de mejores oportunidades, a regiones con mayor desarrollo, aumentado así mucho más el proceso de urbanización. En México como menciona el Consejo Nacional de Población “la orientación exportadora del nuevo modelo de desarrollo está generando estados, regiones, sectores de actividad y grupos sociales ‘ganadores’ y ‘perdedores’ (CONAPO, 1999: 40) dependiendo de su habilidad para que a través de sus actividades productivas eviten la contracción de la oferta de empleo y demás aspectos que inciden en el deterioro de las condiciones de vida de la población y por ende, ver la migración como una opción.

Como lo han indicado las fuentes, en México el boom de la explosión demográfica de la segunda mitad del siglo XX y la desigualdad en las inversiones de las regiones, influyeron notoriamente en la tendencia a la migración tanto interna como internacional. El torrente de población dejaba un agro empobrecido y se dirigía en dirección a las ciudades en vías de industrialización y desarrollo, como la capital del país, Guadalajara, Monterrey y las ciudades de frontera como Ciudad Juárez y Tijuana, estas últimas como opción para el paso hacia la gran potencia del norte.

La participación indígena en estas corrientes migratorias estaba presente pero no era significativa; las ocupaciones que dejaba la población mestiza rural eran ahora para los indígenas, por lo que estos no migraron en los cincuenta y sesenta en la misma proporción que la población no india.

(Nolasco, 1995; Alvarez, 1995; CNDH, 1999; entre otros). Definitivamente el proceso de migración en tiempos de la globalización económica ha variado sus características, siendo principalmente un movimiento de fuerza de trabajo en la que la población femenina e indígena resulta muy importante. La zona de estudio: El Tephé Expuesto de manera sucinta los dos factores más importantes que han influido de manera decisiva en la transformación, las nuevas pautas de concepción, construcción, uso del espacio doméstico y organización interna de la vivienda específica de la comunidad otomí de la localidad de El Tephé (migración y urbanización incontrolada), se hará la caracterización de la zona de estudio, del proceso migratorio de la población que da origen a las particularidades de este tipo de vivienda: una vivienda perteneciente a un grupo indígena, pero con referentes urbanos transnacionales.

La localidad, el municipio, el estado, el país: La vivienda que se presenta en este trabajo es la producida en El Tephé, la localidad principal del municipio de Ixmiquilpan ubicada al sureste del estado de Hidalgo, en lo que se conoce como el Valle del Mezquital, en la república mexicana (figuras 1a y 1b).

Figura 1a. Localización geográfica.

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Figura 1b, Fuente: INEGI 1995.

La cabecera municipal es Ixmiquilpan, con sus 30.831 habitantes se ha ido uniendo con las poblaciones aledañas formando prácticamente una sola mancha urbana que suma 41.329 habitantes; son ellas Taxadho, Cañada Chica, San Salvador, El Tephé, Humedades, Dios Padre, Panales, Maguey Blanco y Pueblo Nuevo.

La población total de la localidad de El Tephé es de 2.172 habitantes y está incluida por el Instituto Nacional Indigenista como una comunidad indígena, de la etnia otomí, que corresponde al 7.31 por ciento de la población indígena del municipio. En la localidad el 51.2 por ciento son hablantes de la lengua indígena y el 2.2 por ciento son monolingües.

De acuerdo a la ocupación territorial, se puede decir que se trata de un asentamiento de característica urbana invariable, es decir, una pequeña concentración de población consolidada y estabilizada en algún punto de su desarrollo, cuya transformación en el tiempo es poca.

Está compuesto por tres partes diferenciadas: un núcleo o “casco” urbano determinado por la Iglesia, el Panteón, la Plaza Cívica, la Cancha de Baloncesto, el Edificio Delegacional y algunas viviendas entorno; una serie de locales comerciales, los establecimientos educativos y de salud, localizadas en forma lineal en los márgenes de la carretera y una zona de viviendas dispersas del lado sur, que llegan a las faldas del cerro que da nombre a la localidad.

La forma de tenencia de la tierra es de propiedad social bajo la figura de comunidad agraria, en la que a cada familia le corresponde un predio. Las actividades productivas abocadas a los servicios recreativos y de turismo con base en dos balnearios, han sido importantes en los últimos años.

  • Sin embargo, la actividad principal a la que se dedican los habitantes es a la agricultura, con la siembra del maíz y la alfalfa básicamente y a las hortalizas y frutas de temporada como el higo y la granada.
  • La ganadería es poca, casi para el consumo familiar; las familias poseen algunas vacas, borregos y chivos.

La comunidad indígena otomí de El Tephé es particularmente especial, por ser pionera en la construcción de balnearios en la región. Este nuevo elemento que aparece en la vida de la comunidad, altera los patrones tradicionales de convivencia, de solidaridad y trabajo en grupo, que se refleja en el desarrollo del pueblo y al parecer es un factor de influencia en la migración de sus habitantes.

El balneario generó un conflicto por el control y poder económico que representa y dividió la comunidad desde la década del 80 hasta la fecha. Parece ser que el efecto más significativo del conflicto ha sido la ruptura de la vida comunitaria y la pérdida de la cohesión, propias de las culturas indígenas y que se manifiesta en diferentes aspectos de la vida cotidiana.

Así por ejemplo, muchas de sus características étnicas como las formas de gobierno, la organización social, creencias, fiestas y algunos aspectos culturales que tienen que ver con las formas de relación, de solidaridad, reciprocidad, de confianza, lazos de parentesco, todo aquello que a lo largo de la historia ha sido trasmitido entre generaciones para perpetuar su condición de otomí, se han visto modificadas.

  • Algunos símbolos étnicos que identifican y distinguen a la cultura otomí entre otros grupos sociales, ya no son manifestados por la población de El Tephé; tal es el caso de la indumentaria, las artesanías y la vivienda,
  • El Tephé y la migración: En el Estado de Hidalgo la migración a Estados Unidos comienza a darse a partir de 1930, momento en el que coinciden una condición económica y social de México que generó amplios contingentes de origen rural y con una alta demanda de mano de obra en los estados del sureste norteamericano.

Entre las principales causas que motivaron la emigración de población del estado son el bajo ingreso, subempleo, insatisfacción en el trabajo, así como aspiraciones educacionales (Alvarez, 1995:246), sin olvidar la baja productividad de la tierra característica de la parte en que se encuentran el Valle del Mezquital, asiento del municipio y de la localidad de estudio.

La migración de los habitantes del Mezquital se dirigía preferentemente a Pachuca, la capital del estado, a la ciudad de México y en menor grado hacia Tula y Ciudad Sahagún en Hidalgo, pero al no existir la suficiente capacidad para sufragar la necesidad de trabajo, renuevan la posibilidad de emigrar al norte.

En la localidad de El Tephé la migración internacional se dirige exclusivamente hacia los Estados Unidos, predominantemente a los estados de California, Georgia y La Florida, en las ciudades de Oakland, Atlanta y Cleanwater. Se inicia a partir de la década de los ochenta, aunque se tiene registro de un hombre que salió en los cincuenta enganchado con el programa de braceros; pese a que se estableció allá, contribuyó a establecer la red social que ha permitido la migración actual.

Las fechas en que se reconoce el inicio de la migración y el momento en que se presenta el conflicto que divide a la comunidad por el balneario, coinciden, por lo que se cree existe una estrecha relación. Actualmente es propio de la comunidad la emigración de una población joven, entre los 15 y los 30 años, tanto femenina como masculina y laboralmente activa, mientras que los adultos y adultos mayores permanecen en la localidad, a diferencia de otras localidades del municipio en donde también se da migración y se van en todo tipo de edad, quedándose tan solo en las comunidades las autoridades y las mujeres ancianas.

Entre las causas que el Instituto Nacional Indigenista menciona son las que inducen la migración en las comunidades otomí, se encuentran la baja productividad de la tierra, los tiempos muertos en el ciclo agrícola, la asignación de terrenos a colonos mestizos (Sedesol, 2000).

Dichas causas son aplicables para la localidad de estudio, sin embargo causas como las que Alvarez o Nolasco generalizan para los migrantes indígenas del Valle del Mezquital en cuanto a carencia de empleos rurales y/o expectativas de trabajo y alternativas de educación son relativas, por cuanto entre los dos balnearios se han creado opciones de trabajo directo para los miembros de la comunidad, remunerados y con muchos estímulo monetarios y no monetarios (como las despensas mensuales, regalos y festejos, etc.); y trabajo indirecto como todos los servicios adicionales para el turismo.

En comparación con las localidades vecinas se ve mayor infraestructura, mayor dotación de servicios, teniendo presente que el municipio es poco lo que ha invertido en El Tephé. De igual manera, en la localidad la oferta educativa es buena y llega hasta el bachillerato tecnológico,

Como la emigración en esta zona es indocumentada, los pone en una posición vulnerable en la que se ven obligados a aceptar trabajos en labores agrícolas y construcción para los hombres y en el servicio doméstico para las mujeres, oficios que requieren demasiado esfuerzo físico, son inestables y remunerados injustamente, viéndose forzados a desarrollar estrategias para poder generar ahorro.

Otra de las características es que es una migración temporal y en cadena, en la que el grueso de la población va y vuelve varias. Al ser la migración el proceso mediante el cual la población busca mejorar sus condiciones de vida, el rol de las remesas en dicho proceso es muy importante, ya que además de la adquisición del dinero en sí, el envío periódico de dinero a sus familias es una manera en que procuran mantener una relación más o menos continua con sus lugares de origen (Nolasco, 1995:138).

  1. Las remesas que se envían a las personas de la localidad son predominantemente de tipo familiar, aunque también son importantes los ahorros que hacen personalmente en Estados Unidos, como aquellos que se realizan a través de terceras personas en México.
  2. El dinero que es enviado, tiene como objetivo el mantenimiento de las familias, pero en esta localidad se da una pequeña diferencia entre los emigrantes que pertenecen a cada uno de los grupos en que se dividió la comunidad.

Para uno de los grupos, la prioridad de la remesa es el consumo básico ya que para ellos los problemas de subsistencia permanecen, mientras que para el grupo cuyo balneario es más antiguo el destino predominante de las remesas era la construcción y/o mejoramiento de sus viviendas.

  • La vivienda La vivienda tradicional es el resultado de la convergencia de diferentes épocas, estilos e influencias en determinados lugares, que se convierte en expresión cultural e identitaria.
  • En el caso de los grupos indígenas otomí, la vivienda típica había significado durante mucho tiempo un soporte fundamental de los rasgos característicos que conforman su identidad cultural.

A lo largo de los siglos, este grupo supo aprovechar sabiamente lo que su entorno natural y adverso le ofrecía para desarrollar su refugio, dando origen a la singular vivienda del maguey ; No es gratuito que el maguey blanco y la lechuguilla, símbolos de toda la región, derivaran el nombre a la comunidad estudiada: El Tephé, que en lengua náhuatl quiere decir “cerro donde se da la lechuguilla”.

  • Las Relaciones describen las viviendas originales de los otomíes como de baja calidad, pequeñas y de poca altura, de planta rectangular, estrechas, de paredes y techos hechos en pencas de maguey (Carrasco, 1979: 88).
  • La vivienda del maguey constituía un ejemplo de superposiciones culturales, entre las formas prehispánicas de la vivienda en las culturas locales recientes, sin embargo la virtual extinción de la planta, junto con influencias externas (de tipo económico y sociocultural) han llevado a la casi total desaparición de este tipo de vivienda.

Como afirma Hernández. “Las trasformaciones ocurridas en los últimos años en la cultura otomí del Valle del Mezquital, van en sentido negativo y no saben ofrecer alternativas válidas para sustituir aquello que está prácticamente en peligro de perderse.

La vivienda de maguey, única en el mundo, fue posible gracias al conocimiento milenario del árbol de las maravillas” (Hernández, 1987:381). Del maguey al cemento y al vidrio oscuro La vivienda típica del maguey estaba conformada por dos o tres construcciones no muy grandes, casi independientes entre sí destinadas una a dormitorios y la otra para cocinar.

La áreas variaban entre 10 y 25 metros cuadrados. Los muros de las construcciones destinadas como dormitorios eran realizadas en piedra caliza y cubiertas con las pencas del maguey (figura 2), en tanto que las construcciones para cocina era totalmente realizada con el maguey.

Figura 2. Vivienda típica del Maguey. Fuente: López, 1987,

Las viviendas se ubicaban dentro de un solar delimitado por magueyes, órganos y tenían un área destinado al trabajo del ayate junto al cual se encontraba un corral para los animales domésticos (ovejas y chivos principalmente) (figura 3).

Figura 3, Planta vivienda del maguey. Fuente: López, 1987.

El mobiliario de la casa típica estaba compuesto por una cama para las parejas y petates para los demás miembros de la familia, sillas, una pequeña mesa, un arcón para guardar ropa y en los muros se colgaban otras pertenencias. Siempre existía un rincón o nicho a modo de altar para colocar las imágenes de los santos.

  • En la cocina se usaba una mesa de madera, una hornilla, algún trastero y diferentes ganchos para colocar los utensilios y el típico acocote (Hernández, 1987: 392).
  • Moya por su parte habla de tres tipos de viviendas otomíes: un primer grupo, en el que las viviendas estaban totalmente construidas con las pencas de maguey incluyendo paredes y techo.

Un segundo grupo en el que las construcciones eran en bahareque las paredes y el techo con palma y el maguey era solo utilizado para las cumbreras. El tercer grupo lo forman las viviendas con paredes en adobe o piedra y techos en palma o pencas de maguey (Moya, 1982: 161) (figura 4).

Figura 4, Sistema constructivo de la vivienda del maguey. Fuente: Prieto, 1994.

Recientemente las transformaciones ocurridas en la cultura otomí del Valle del Mezquital, ha llevado al desmembramiento de las ricas y variadas tradiciones culturales que se ve reflejado -entre otras muchas cosas- en la vivienda. Procesos como la migración y las nuevas actividades económicas realizadas en la región, han alterado la vivienda tradicional tanto conceptualmente, como morfológica y tecnológicamente, así como en el uso de los espacios.

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Las transformaciones que la vivienda otomí presenta actualmente tienen que ver con tres aspectos básicamente: por un lado está el influjo de las culturales dominantes penetrado indirectamente por los medios de comunicación, y directamente por la cercanía con los centros urbanos como Ixmiquilpan, Pachuca y la Ciudad de México y el contacto directo con la cultura estadounidense a través de la experiencia migratoria.

El segundo aspecto tiene que ver con el auge de los materiales industrializados, más abundantes y hasta cierto modo más fáciles de adquirir y de emplear. El tercer aspecto es el deterioro de los recursos naturales con que contaban anteriormente para la construcción de la vivienda, y con él la pérdida del conocimiento de las técnicas y procesos ancestrales.

Para conocer en detalle sobre cual ha sido el resultado de dichas transformaciones, a continuación se explicará la vivienda a través de los elementos que permiten definir su identidad arquitectónica, esto es: a) las características organizativas, dentro de las que se estudia la disposición de las partes o componentes de la vivienda, el número de edificaciones que la conforman, el número de espacios de cada edificación y sus relaciones; b) las características formales, que tiene que ver con el contorno de la edificación, su volumen y planta y los aspectos decorativos; c) las características constructivas, estudiando los materiales, la técnica de elaboración de las partes de cada edificio.

La actual vivienda otomí en El Tephé Dentro de las características organizativas, en El Tephé las viviendas presentan una imagen completamente diferente a las típicas casas de esta comunidad indígena. Las dos o tres construcciones que anteriormente conformaban la unidad de vivienda, ahora es reemplazada por una sola construcción que sigue siendo generalmente de una planta y la cual alberga todos los espacios.

La planta anteriormente rectangular, en la vivienda actual puede ser cuadrada, rectangular o irregular. Además de los espacios tradicionales de dormitorios y cocina, aparecen nuevos espacios como la sala, el estar de televisión y el estudio. La cocina que durante mucho tiempo fue una construcción independiente en la que generalmente se realizaban las dos actividades de cocinar y comer, ahora está completamente integrada con el comedor en lo que suelen llamar “cocina tipo americano”, es decir sin muro divisorio y con una barra que usan como “desayunador”.

Algunas casas poseen en la parte lateral un espacio cubierto o descubierto pero con piso acabado, para uno o dos vehículos, espacio análogo a la “cochera” americana. Los baños están al interior d la vivienda y son de grandes dimensiones, donde la disposición y los aparatos mismos son al estilo de las viviendas estadounidenses que conocieron.

Figura 5. Planta de vivienda actual construida por migrantes. Fuente: OLRA, 2002.

La dimensión de las viviendas ha aumentado sustancialmente respecto a la de la vivienda tradicional, encontrándose viviendas de 150 a 250 metros cuadrados; esto reduce los predios por lo que eliminan las huertas o corrales para animales. Estos en los casos en que todavía existen, son levantados a cierta distancia de la vivienda, pero en predios comunales.

Nuevo equipamiento aparece en esta vivienda: el horno microondas, equipos de sonido, de televisión, de cine, closets, tinas, jacuzzi, etc. Como características morfológicas se puede observar que la forma de la vivienda que se realiza recientemente, también dista mucho de la vivienda propia de la etnia y de la región.

(figura 6)

Figura 6. Nuevas formas en la construcción de las viviendas, Fuente: OLRA, 2002,

Aunque la vivienda es un solo volumen, este no es una forma pura, sino que se destacan partes que sobresalen, que están retraídas, con formas redondeadas (especie de ábsides). Aunque lo que predomina son las viviendas de un piso, también se encuentran de dos pisos y en ellas es posible encontrar balcones y voladizos.

Un rasgo muy notorio es el tratamiento que le dan a las cubiertas. Hechas en placas de concreto muy delgadas, son inclinadas, a veces a un agua (en direcciones diferentes dependiendo de la parte de volumen que cubre), otras veces a dos, otras a cuatro y hasta más. Las que poseen la cubierta plana en general es porque el propietario espera adquirir más dinero para ampliar hacia un segundo piso.

Las pequeñas puertas de acceso a las viviendas características de la vivienda del maguey, ahora son sustituidas por grandes portones muy elaborados; los antiguos espacios interiores oscuros son reemplazados por enormes ventanas de formas variadas (redondeadas en las esquinas, con arco de medio punto, horizontales, oblongas, etc.) Aparecen elementos utilizados como decorativos y considerados de prestigio en la región, como columnas en la fachada y chimeneas,

  1. Aunque muchas de las viviendas no han llegado a su finalización, son pocas las que tienen color; en este caso es aplicado un color diferente para la fachada y otro para las cubiertas.
  2. Elementos que se destacan en este nuevo paisaje construido son las antenas parabólicas,
  3. Las bardas delimitadoras de los predios antes elaboradas con los órganos y que también eran ornamentales, ahora aunque existen, son reemplazadas por bardas de concreto y rejas metálicas.

Dentro de las características constructivas se aprecia que los materiales tradicionales como el adobe, el bahareque, la palma y sobre todo el maguey han sido sustituidos por materiales más modernos como el bloque de cemento, el hierro, el aluminio y el vidrio oscuro.

La construcción de muros siempre cuenta con el bloque de cemento hueco, que en muchas de las viviendas queda durante un tiempo a la vista. De acuerdo a las posibilidades económicas del propietario, se cubre las paredes con una mezcla de mortero y quienes más pueden, le aplican color. Las puertas se realizan con materiales como la madera, el vidrio y el aluminio.

Las ventanas son de cristales oscuros, con perfilería en aluminio dorada. Los pisos son de concreto y el acabado final, como en el caso de las paredes también depende de los recursos del dueño. Muchas se encuentran aún con el cemento afinado, pero otras viviendas tienen baldosas cerámicas, mármol, madera.

Figura 7, Vivienda actual de migrantes en El Tephé. Fuente: OLRA, 2002.

Definitivamente la experiencia migratoria incide en la forma en que los habitantes de El Tephé y otras poblaciones de la región asumen su vivienda, pues aunque conservan rasgos de su cultura, es imposible no dejarse permear por todo lo que viven y aprenden en el país más desarrollado. Un testimonio de una de las migrantes entrevistadas durante la investigación dice: “Nosotros aprendemos las costumbres y un poquito el modo de vivir y el uso de las cosas. Antes todos comíamos allá ahora ya compramos esto, entonces ya cambiamos. Ahora ya para ver la tele te sientas en la sala, en cada cuarto, yo por ejemplo les voy a poner su tele en cada cuarto, ya son cosas que antes no se tenían. Como yo iba a limpiar casas, vi muchas cocinas diferentes y de ahí aprendí: las cocinas son descubiertas. Al maestro yo le di la idea y además el folleto porque traemos revistas. Inclusive el señor que vino también me trajo fotos, le digo no. Yo no quiero así. Este baño también es de allá. Y ese baño está chiquito a comparación de los que yo vi allá. Inclusive la sala también, hicimos esas modificaciones porque he visto como está allá la chimenea. Las cortinas también van a ser igual a las que están allá. Traemos el modelo y las mandamos hacer. Los closets los hicimos también, apenas ayer terminamos, son también casi de allá, no más que no los hicimos muy bien porque ya lo económico se va acabando” (El Tephé, Agosto del 2002). Reflexiones finales Como se puede apreciar, de la vivienda típica otomí del Valle del Mezquital, en El Tephé solo nos queda su recuerdo. La fisonomía de las viviendas y el uso de los espacios que se hacen recientemente en el pueblo, tiene que ver mucho con la influencia que reciben los migrantes en su contacto con las construcciones y formas de vida de las ciudades a donde llegan a vivir. La vivienda rural e indígena que se caracterizaba por ser el resultado de conjugar los materiales que le brindaba la naturaleza, con un criterio estético y de confort ambiental, producto del conocimiento y herencia cultural, hoy en El Tephé es en muchos casos el resultado de la consulta de arquitectos que desde escritorios venden un plano, sin tener en cuenta aspectos como el clima, la localización, las características de la familia que la habitará, la importación de materiales, etc. Existen varios casos en que las viviendas de los emigrantes son diseñadas a distancia, encargadas a miembros de la familia que dirigen el proceso de construcción y la distribución de las remesas, que el propietario solo conoce tan pronto como llega a la localidad. Además del cambio en los sistemas constructivos y en la morfología de la vivienda, la concepción y uso del espacio es diferente. Se replican las formas, cantidad, tamaño, decoración y uso de los espacios de las viviendas que han visto mientras trabajan o viven y a su vez son imitadas por otras personas del pueblo que van viendo como los emigrantes construyen. No importa el clima, ni si la adquisición de los materiales sea difícil y costosa y no sea la adecuada para lograr el confort bioclimático, solo parece importar hacer sus viviendas lo más parecido a las de Estados Unidos. Por otro lado, también se pudo corroborar lo que fuentes como el Consejo Nacional de Población (CONAPO), el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) o la Secretaría de Gobernación (Hernández, 2001; Robles, 2001) mencionan sobre el destino de las remesas, en que en primer lugar están dirigidas para el gasto familiar y en segundo lugar, para diversas acciones en torno a la vivienda. Notas La realización de este trabajo, fue posible con información levantada para la investigación: Migración, Remesas y Estrategias de la Mujer en una Comunidad Indígena de Hidalgo: Familias Otomí de El Tephé elaborada por la autora. Maestra en Arquitectura y estudiante del Doctorado en Estudios Urbanos en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Becaria de Investigación de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO) sede México. Según CONAPO (Consejo Nacional de Población), la población total de la república en 1980 era de 66.846.800 habitantes, de los cuales 43.383.573 eran urbanos y 23.463.227 rurales. Para el Censo de 1990, la población total llegó a los 81.249.600 habitantes con 58.012.214 habitantes urbanos y 23.237.386 rurales. En el Censo del 2000 la población total fue de 97.483.412 habitantes, con 72.759.822 urbanos y 24.723.590 rurales. Fuente: Instituto Nacional de Estadística Geografía e Informática INEGI. XII Censo General de Población y Vivienda 2000. Considerando la categoría de ciudad por el número de habitantes superior a los 30.000 habitantes; la densidad de población 140 Hab/Km2; la morfología; la actividad económica, etc. En el primer caso, en general visten ropa comercial y hasta es posible ver bastantes personas usando tenis de marca extranjera. En el caso de la vivienda como se verá más adelante, morfológica y tecnológicamente difieren de la vivienda tradicional otomí. Por último, en cuanto a artesanías, ya en la comunidad nadie se dedica al trabajo del ayate que era tradicional en la comunidad, por dedicarse unos a laborar directamente en los balnearios y otros a trabajar informalmente en la venta de comida y otros artículos para el turista. De acuerdo a los testimonios de las personas entrevistadas para la investigación. Además parece ser que en ninguno de los casos de jóvenes que emigraron a Estados Unidos lo hicieron con el objetivo fue estudiar, como si obtener dinero para poder darse la satisfacción que brinda el tener ciertos bienes materiales que los padres no les pudieron ofrecer en su comunidad. El balneario que pertenece a este grupo es de fecha reciente, con lo cual los ingresos recibidos solamente alcanzan para cubrir el crédito que recibieron para la construcción, mantenimiento y su ampliación. Entonces la oferta de trabajo del balneario no es suficiente y deben sobrevivir con lo poco que producen y mercadean de sus milpas. A esto se le añade el que tengan que asumir de manera individual los gastos médicos, de educación, muerte. A este grupo pertenece el primer balneario que data del 80 y en los últimos 10 años de funcionamiento ha arrojado cuantiosas ganancias con lo que, además de trabajo remunerado para sus socios, el balneario está sufragando los gastos básicos de alimentación con la despensa mensual (consistente en todos los alimentos de la canasta básica), de servicio médico, ayudas para educación (becas) y alguna dotación de enseres para las viviendas (regalo de neveras en navidad, de estufas el día de la madre, etc.). Posible por la abundancia de cultivos de maguey, así como la presencia en este paisaje árido de arbustos espinosos, cardón, biznaga, el órgano, nopales propios de la región del Valle del Mezquital. Acocote (del aztequismo acocotli). En México, variedad de la calabaza común, indígena del país, conocida también por alacate. Fruto de esta planta, alargado a veces hasta como de un metro y que, agujereado por ambos extremos, se usa a manera de pipeta de laboratorio, para extraer por succión el aguamiel del tallo de maguey (López, 1987:397). Ninguno de estos dos elementos tienen tradición en la región. Las chimeneas por el clima nunca existieron. En una comunidad cercana, se llega a encontrar viviendas con puertas de garaje eléctricas. Bibliografía ALVAREZ, Juana. La emigración internacional en el estado de Hidalgo, en VARGAS, Pablo. Hidalgo: Población y Sociedad al siglo XXI, Pachuca, Edo. de Hidalgo: entro de Estudios de Población de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo., 1995, pp.243-264 BARROS, Claudia. De rural a rururbano: transformaciones territoriales y construcción de lugares al sudoeste del área metropolitana de Buenos Aires. http://www.ub.es/geocrit /sn-45 (51).htm > BORJA, Jordi y CASTELLS, Manuel. Local y global. La gestión de las ciudades en la era de la información. 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¿Qué alimentos son de los indígenas?

Muchos pueblos indígenas se autorreconocen como hijos del maíz, de la yuca dulce, del haba, de la quinua, de la papa o del guandú, según sea la cosmovisión de cada pueblo en relación con la naturaleza y sus potencialidades alimenticias. Cual Es Su Comida Tipica De Los Otomies ¿Qué alimentos consumen las comunidades indígenas? Para los pueblos indígenas la alimentación va más allá de lo que se llevan a la boca; porque también se alimentan con los pies descalzos y el aroma del paisaje mañanero. La diversidad de climas y ecosistemas que caracterizan a un país como Colombia, contribuyen así mismo a generar una gran variedad de especies de fauna y flora, que desde luego se ve reflejada en los diferentes productos y alimentos típicos de cada zona del país, donde habitan comunidades indígenas.

  1. Selvas, páramos, bosques, desiertos, llanuras, sierras, entre otros, tienen características naturales propias que influyen en las tradiciones de cada etnia, y por consiguiente, en sus costumbres y rituales gastronómicos.
  2. Según cifras oficiales, cerca del 3% de la población en Colombia corresponde a pueblos indígenas, quienes viven de actividades ancestrales relacionadas con la tierra, como la horticultura, la pesca y la caza.

Sin embargo, el auge de la industria y las grandes multinacionales parece poner en riesgo estas prácticas culturales. Lea también: Mujeres wayuu: las manos que tejen la vida de su etnia La explotación minera a gran escala, la actividad petrolífera, la pesca industrial, etc., se han constituido en actividades, que si bien, generan progreso económico para algunas regiones, generan un alto impacto sobre el estado natural de los ecosistemas, lo que ocasiona la alteración y muerte de algunas especies y por ende, el desplazamiento de comunidades indígenas, junto con la extinción de sus tradiciones.

A través del programa ‘Alimentación Propia’, la Organización Nacional Indígena de Colombia y la Radio Nacional de Colombia compartió cómo varios Pueblos Indígenas de Colombia en la actualidad se aferran a sus usos y prácticas alimenticias, a pesar de la oferta del mercado y el fenómeno del desplazamiento,

Este programa fue posible gracias al aporte de Utay Stereo, Tayrona Stereo y Voz Indígena de Urabá, colectivos radiales que hacen parte del Sistema de Comunicación Indígena – SICO, de la ONIC. El espacio enseña cómo en la Alta Guajira, la comida típica de los Wayuu está compuesta por maíz y carne de chivo, debido a las condiciones climáticas y la escasez de lluvia.

  1. En la parte media y sur la comida típica es similar; para eso cultivan maíz, sorgo, yuca, batata, ahuyama, legumbres y frutas silvestres, variedad con la cual se preparan comidas típicas cuyo ingrediente principal es el chivo o carnero.
  2. De igual manera, se mostrará cómo en el marco de las acciones de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, en el espacio del Consejo Territorial de Cabildos – CTC, se fortalece la alimentación propia generando encuentros de saberes, y apoyando proyectos que sirvan para recuperar y apropiar las sanas costumbres de los oueblos indígenas.

Lea también: Alquimia pura y ancestral en 17 fotos Finalmente, se conoce la visión integral de comunidades indígenas donde el alimento es la comunión con la Madre Tierra, con la Madre Naturaleza y con la comunidad; y cómo la alimentación propia de los Pueblos Indígenas ha cambiado debido a la falta de territorio.

¿Cómo se visten los hombres en otomí?

Nombre del grupo étnico Otomíes
Localización Valle del Mezquital (Ixmiquilpan, Hidalgo)
Número de habitantes Junto con los pames, mazahuas, matlatzincas y los chichimecas-jonaz, integran la familia lingüística otomiana que a su vez forma parte del mencionado tronco otomangue. Según el censo de 1990, hay cerca de 400, 000 otomíes.
Lengua La mayoría son bilingües, durante siglos han conservado su lengua hñahñu, esta palabra se forma de ñä que significa hablar y de hñü que viene de xiñu, nariz entonces hñähñü puede entenderse como los que hablan utilizando más palabras con sonidos que se emiten con la nariz
Tipo de vestimenta Los hombres: sombrero de palma, pantalón de manta atado con cinta bordada, camisa de manta y huarache de llanta. Las mujeres faldas bordadas, blusa de manta bordada, queztquémel bordado a mano o en telar, una cinta bordada ceñida a la cintura y huarache de llanta.
Características físicas (clima, hidrografía, relieve, flora y Fauna) Región semi-desértica, clima templado seco, altitud media de 1, 700 a 1, 800 m, paisajes grisáceos, y plantas xerófilas. Flora: maguey, árboles frutales (ciruelo, chabacano, chirimoya, durazno, guayaba, higo, lima, limón, manzana, naranjo, nogal, pera, perón tejocote), uva y xoconochtle. Fauna doméstica: ganado vacuno, ovino, caprino, porcino, asnal, caballar, aves de corral, perros y gatos. Fauna silvestre: ardillas, armadillos, cacomichtle, conejo, coyote, liebre, murciélago, onza, rata casera y de campo, ratón, tejón, tlacuache, tuza, zorra, zorrillo, lechuza, lagartija, víbora de cascabel, cenzontle y zopilote.
Servicios públicos (luz, agua, escuelas, hospitales, etcétera) Cuenta con: luz, agua, escuela primaria, secundaria, jardín de niños y centro de salud comunitario.
Características económicas (productos) Sus transacciones económicas generalmente se hacen con dinero en efectivo, aunque muchas personas también efectúan el trueque de objetos, como cambiando leña, cal, xité, pencas de lechuguilla empleadas como escobetillas, hierbas medicinales, semillas. Las actividades productivas son: ganadería, cacería, pesca, artesanía, alfarería, metalistería, textilería y otras labores pequeñas como jarcería y cordelería.
Conocimientos empíricos (herbolaria) Los medicamentos populares son hechos por lo general, a partir de cocimiento de partes de animales, vegetales o minerales, con las correspondientes creencias supersticiosas, algunas de las cuales podrían parecernos ilógicas algunos de estos ejemplos son: para curar el reumatismo se emplean el cocimiento de la hierba llamada “gobernadora” la que también da buenos resultados para que la señora conciba en casos de tener dificultades para procrear hijos. También para el reumatismo se emplea el epazote puesto en infusión con alcohol, para ser untado, friccionando en partes afectadas. La curación de heridas se hace cubriendo inmediatamente la parte afectada con una telaraña; si la herida se produce estando en la casa se emplea una tela de cebolla para cubrirla, y si se está en el campo, se corta la penca de maguey, se le quita la tela, el mixiote y con ello se cubre la herida. Para curar el empacho del niño recién nacido, se le da a tomar un cocimiento de hojas de guayaba, hierbabuena, un trozo de palo mulato, flor de albahaca y cempoaxuchitl, con un poco de bicarbonato de sodio. Andando entre el monte es muy fácil espinarse con las brácteas de cardón, mezquite, nopal, etc. Las espinas de cardón producen una sensación muy dolorosa y hay el peligro de que al tratar de sacarlas de la piel, sólo se extraiga la vaina, quedando la espina propiamente dicha, clavada. Para extraerla con facilidad, los nativos hacen un ungüento con manteca y un hueso de tlacoache bien molido, agregando un poco de cera de campeche. El ungüento se unta en un trapito y se pone sobre la espina, la cual va saliendo poco a poco. A esta curación le llaman aplicar una “vilma”.
Mitos y/o leyendas La mayoría profesa la religión católica, en sus prácticas religiosas tanto familiares como las que se observan en los templos, es posible ver casos de mezclas del mundo prehispánico y el cristiano. Existen muchas y muy variadas leyendas en esta comunidad donde tratan de explicar algunos de los hechos más relevantes de la vida y tradición de la comunidad. Un ejemplo de estas tradicionales narraciones es la mujer casada, “Un cuervo y una zorra”, “la viejecita” pero hay una que a los hombres del campo les agrada contar, “El hombre y el árbol”. Un hombre quería hacer leña para encender la lumbre y comenzó a golpear un árbol con el hacha. Entonces oyó una voz que le suplicaba que no siguiera golpeando ni cortando las ramas. El hombre se puso a oír bien y noto que era el mismo árbol el que le hablaba; no me golpees, no me lastimes déjame vivir y yo te pagaré algún día. El hombre sintió lástima del árbol y dejó de golpear con el hacha y fue a seguir sus trabajos en la milpa. A medio día, cuando vino su mujer se sentaron bajo la sombra del árbol para refrescarse. Entonces el hombre oyó que el árbol le dijo: – Ya lo vez, como me has dejado vivir, te estoy pagando tu favor pues te estoy dando sombra para que te refresques y si no te sombreas te mueres de calor. Mira a tu mujer, sentada bajo la sombra de mis ramas, cómo está bordando tu camisa, ¿no te da gusto? El hombre comprendió el favor que le había hecho el árbol y el favor que el árbol le estaba haciendo.
Características políticas En general los pueblos y barrios Otomíes del Valle del Mezquital obedecen las leyes generales del país y a sus autoridades, sin embargo de manera muy discreta tienen sus autoridades tanto civiles como eclesiásticas, las cuales son nombradas anualmente entre los propios pobladores en una reunión en la plaza del pueblo o barrio, nombrando un juez propietario y tres jueces auxiliares o suplentes, los que a su vez nombran a sus ayudantes llamados “topiles o varistos”.
Artesanías Por lo que se refiere a las artesanías manuales, puede decirse que el Valle del Mezquital es muy rico tanto en la variedad de objetos que se elaboran manualmente, como en la expresión estética de los Otomíes, manifestadas en los objetos que hacen, muchos de los cuales son usados personalmente para el vestido masculino o femenino y para adorno del hogar. Los artesanos de este lugar han creado obras de gran originalidad y belleza como los instrumentos musicales en miniatura, realizados en madera de enebro con incrustaciones de concha de abulón, la cual se trabaja en el barrio del Nith.
Otros datos interesantes Existen en la iglesia de San Miguel, murales de gran belleza y permiten observar los mitos de esta etnia indígena mezclada con el sincretismo de las dos culturas que se encontraron en este lugar; se observan personajes mitológicos pintados por la etnia hñahñu.
Bibliografía Libro de texto gratuito de tercer grado Texto los Otomíes del Valle del Mezquital. Información brindada por la Secretaría de Turismo del Estado de Hidalgo Datos obtenidos del III informe del Sr. Gobernador. www.hidalgo.gob.mx ; www.hidalgo.gob.mx/municipios.osp?municipioD=37
Los indígenas en Ixmiquilpan el día lunes acuden al tianguis, sus transacciones comerciales son basándose en dinero en efectivo o por medio del trueque.
Los artesanos en el barrio del Nith han creado obras de gran originalidad y belleza.
La materia prima utilizada es madera de enebro con incrustaciones de concha de abulón.
En los murales del convento aparecen águilas, peces y personajes mitológicos, los cuales fueron pintados por artistas de la etnia hñähñü.

Nota: Si algún equipo participante puede incluir la ficha de registro en alguna lengua indígena, ésta se publicará en las dos versiones. Nombre y clave de la escuela: 13POM00024, Primaria Centro Escolar Hidalgo Profesor responsable del aula de Medios: Silvana Guzmán Valdés Profesor responsable del grupo: Ma. Concepción Chávez Pérez Grupos: 5° “C y D” Turno: Matutino Correo electrónico: [email protected] Primavera 2002